24 de abril 2002 - 00:00

Cauto optimismo en Feria del Libro

La gran concurrencia de público a la Feria del Libro desde los primeros días fue una sorpresa para los expositores, que temían lo peor, y hablan de «algo reconfortante» aunque nadie se anima a declarar por anticipado que es un éxito, la industria del libro sigue alerta, golpeada por la contundencia de la crisis.

«Lo que ocurre aquí es un milagrito, en el que hay que tener en cuenta tanto la gente que viene del exterior y se beneficia con el cambio como los que compran en la Feria para todo el año. Nosotros no podemos olvidar que los costos ya superan 60 por ciento y la caída de ventas 50 por ciento», comenta Daniel Divinsky, vicepresidente de la Cámara Argentina del Libro. «No hay que festejar por anticipado estos días pueden ser sólo un veranito, y de pronto nos invade el frío estepario del país», comenta cauto y mordaz un librero.

La editora, Trini Vergara, de «V y R», teme que tras esta sensación positiva, aparezca otra negativa: un relax entre la gente de la industria y se olvide la «ruptura de la cadena de pagos, la reducción de los planes editoriales, la locura de los tiempos de las cobranzas y la perversión de los plazos». Los editores se enfrentan hoy a abusos de los papeleros que han acortada al máximo los pagos y de los libreros que han alargado al extremo los pagos. La mayor cadena de librerías, Yenny-El Ateneo, está pagando a 150 días. Once editoriales hicieron con Global Investment, dueña de Yenny-El Ateneo, un acuerdo que le dió 6 meses de gracia y una quita de la deuda, para que luego realizaran pagos a 20 días. Los editores que no participaron de ese arreglo, se quedaron afuera.

«No es porque se ve mucha gente está todo bien y estamos en plena bonanza», señala Trini Vergara en su coqueto stand de V y R donde viven el éxito de las agendas de Bandana y Las Chicas Superpoderosas, «a los problemas que teníamos hay que sumar el incremento de insumos importados, y las exportaciones trabadas por retenciones con pago al contado».

«Todos hemos hecho aumentos, sobre todo en libros importados, en general de 20 por ciento, pero algunos exageraron pensando en un dólar a 4 pesos o más y no van a poder vender nada porque la gente, aunque no los discuta, se fija mucho en los precios. Las compras son pocas y modestas», señala Juan Carlos Zaragoza, de Riverside, y comenta « muchos recién ahora estamos sacando novedades». Zaragoza decidió hacer una impresión local de «Creía que mi padre era Dios», donde Paul Auster reúne los cuentos que los oyentes le enviaron a la radio, teniendo en cuenta la visita del autor, y busca venderlo «al precio más ajustado posible». Frente al optimismo de ver gente en los stands los expositores piden «que los organizadores no se duerman en los laureles pensando 'total siempre viene gente', y recuerden cuanto nos están cobrando por un espacio».

Respecto a negocios se comenta la probable fusión de Santillana (Grupo Prisa) con Ediciones B (Grupo Zeta), que iniciaron operaciones en común con ediciones de bolsillo. Se sospecha que el grupo de «Jesús de Polanco terminará quedándose con todo». Se dice que continúan las turbulencias en Planeta y lo que podría llegar al alejamiento de una figura de primera línea de la sucursal argentina, para algunos «sería un error porque es la persona que le permitió a los Lara los mejores negocios en América Latina».

Hay quienes definen a ésta como «la Feria del saldo» tanto por el interés de los visitantes, que terminan llevándose algún libro muy barato, como porque la enorme mayoría de los stands tienen ofertas.

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