24 de julio 2001 - 00:00

Chaco: gustó un Gismonti entre popular y clásico

Chaco: gustó un Gismonti entre popular y clásico
«Tocar la vida 4». Actuación de Egberto Gismonti (piano, composición, guitarra de 10 cuerdas). Con la Orquesta de Cámara Mayo y el Quinteto Villa-Lobos. Dirección: Gil Jardim. (Complejo Cultural Guido Miranda, Resistencia, 21 de julio.)

Resistencia - Hacía mucho tiempo que el brasileño Egberto Gismonti no tocaba en la Argentina y más raro era escucharlo en nuestro país compartiendo un concierto con una orquesta de origen clásico. Incluso, en pocos días estará tocando también en Buenos Aires y en Rosario (ver «Lo que vendrá»), pero al frente de un trío. Lo que se escuchó en Resistencia, como apertura del proyecto «Tocar la vida» para este año, fue entonces un hecho para destacar.

En este caso, el músico eligió hacer un repertorio donde se mezclaron algunos viejos temas suyos, conocidos por sus seguidores, y otros más nuevos y nunca escuchados en la Argentina. Puesto en compositor para orquesta sinfónica -podría decirse que armó una orquesta con «maderas a uno» sumando la Orquesta de Cámara Mayo con el Quinteto Villa-Lobos-, Gismonti elige trabajar sobre algunos elementos más o menos reiterados: los colchones de cuerdas que sirven para sostener las armonías, las marcaciones rítmicas desde los instrumentos más graves, la forma de preludio como una constante.

Su lenguaje se apoya en el folklore de Brasil -evitando especialmente el samba-, aunque en su estilo orquestal desfilan los compositores románticos del siglo XIX, Stravinsky, Ravel o Debussy. Y a partir de eso construye un discurso hecho a su propia medida, para sostener su trabajo desde el piano o desde la guitarra de 10 cuerdas.

Gismonti sorprende, fundamentalmente, por sus habilidades técnicas, por su capacidad para hacer arpegios y notas rápidas con la guitarra, por la dulzura de su toque pianístico -así alcanzó muchos de los mejores momentos de la noche-, por su inteligencia para partir de lo folklórico y llevarlo a un lenguaje más internacional. Quizás, el mayor problema esté, en cambio, en la reiteración de ciertas fórmulas que empiezan a hacerse conocidas para el público a poco de comenzado el concierto.

Junto con la Orquesta Mayo y el quinteto tocó «7 aneis», «A fala da paixao», «Sonhos da morte & infância» y «Forrobodó» -todas para piano-, dos solos de guitarra, y otras músicas para guitarra y orquesta («Cabinda, cantiga dos espíritos» y «Dança dos escravos»). Pero además dejó espacio a la orquesta para que interpretara, sola, su «Palhaço na caravela» y para que homenajeara a Oscar Cardozo Ocampo -fallecido aquí ese mismo día-con una potente versión de «La muerte del ángel» de Astor Piazzolla. Siempre con la firme batuta del brasileño Gil Jardim.

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