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Los mandatarios, vecinos incómodos con ideologías divergentes, realizaron una cumbre de un día en el sudeste de Venezuela, en medio de una ola de recriminaciones entre Caracas y Bogotá sobre recientes hechos violentos a lo largo de su frontera común de 2.219 kilómetros, acechada por guerrillas y paramilitares colombianos.
Pero, entre el excéntrico militar retirado venezolano y el conservador jurista colombiano, lo que hubo fueron sonrisas cuando llegó el momento de darse la mano en la industrial ciudad de Puerto Ordaz e iniciar la solemne ceremonia de recibimiento bajo el ardiente sol del oriente venezolano.
Chávez dijo a los reporteros que «yo amo a Colombia», mientras Uribe entregó a su anfitrión venezolano un tradicional poncho colombiano y un carriel, tras intercambiar varios abrazos, visiblemente más efusivos de parte del mandatario venezolano. En las últimas semanas, sin embargo, las relaciones han sido mucho menos cordiales.
El gobierno de Uribe, principal aliado de Estados Unidos en Latinoamérica, ha reiterado acusaciones contra el gobierno de Chávez -cuyo discurso de izquierda lo ha distanciado de Washington-señalando que Caracas brinda refugio a los rebeldes marxistas colombianos.
Bogotá, que recibe millones de dólares en ayuda de Estados Unidos para la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla, quiere que Venezuela colabore en la ofensiva contra los rebeldes, que asegura suelen cruzar la frontera para huir de las autoridades colombianas.
Colombia ha estado investigando quejas de residentes de la frontera acerca de que aviones y helicópteros militares venezolanos bombardearon un caserío colombiano el 21 de marzo, matando e hiriendo a varias personas.
Los residentes del área fronteriza han dicho que las aeronaves prestaban apoyo a las guerrillas, que en ese momento combatían con los paramilitares de ultraderecha.
El gobierno de Chávez ha rechazado insistentemente esas acusaciones, al tiempo que respondió señalando al ejército colombiano de colaborar con los grupos paramilitares a ambos lados de la rústica y poco poblada frontera, donde el asesinato, el secuestro, el robo y la extorsión agobian a las comunidades.
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