Aldana Loiseau: pintar la aldea y ser universal

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La película biográfica se llamará "Chango Torres, charango en flor", sobre la vida del gran músico, su suegro.

De crecer en el conurbano bonaerense a instalarse en la Quebrada de Humahuaca, y de mirar cortometrajes con su padre, el dibujante Caloi, a realizar los suyos y verlos aplaudidos en más de 20 países de tres continentes, el camino de Aldana Loiseau es digno de atención. Ahora prepara su primer largometraje, un documental sobre el recordado músico Jaime Torres, su suegro. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Usted nació en José Mármol?

Aldana Loiseau: Y me crié ahí hasta los 18; después seguí en casa de mi padre, en San Telmo, para trabajar como asistente de producción de “Caloi en su tinta”, y como fotógrafa, y estudiar cine en el Cievyc. Luego colaboré en el Tantanakuy Infantil, “filial” del Tantanakuy que Jaime Torres había fundado con el poeta Jaime Dávalos en Humahuaca. Ahí me propusieron hacer otras actividades, entonces armamos funciones de cine y talleres en algunos pueblos de la Quebrada. A esa altura ya estaba de novia con Juan Cruz, hijo de Jaime, y bueno, de a poco nos fuimos quedando.

P.: ¿Conoció primero al padre, o al hijo?

A. L.: Nuestras familias eran muy amigas. De quien tengo memoria desde niña es del padre, que tocaba el charango y nos invitaba a conocer el norte. Yo con Juan no me daba ni cinco de bolilla, porque él jugaba con mis hermanos y yo con sus hermanas. Tengo más bien recuerdos de jovencita, cuando fui a un recital de Jaime y Juan estaba tocando con él. Ahí nos reconocimos, y nos acercamos. Nos acercamos mucho. Desde entonces, casi que no nos separamos.

P.: ¿Qué hicieron entre ambos?

A.L.: Le dimos forma y motor al Centro Cultural Casa del Tantanakuy, hicimos una sala de cine que llamamos Jorge Prelorán en memoria de ese documentalista de nuestra tierra, y me hice docente no formal. Enseño a los chicos dibujo, pintura, fotografía y algo de cine. Cuando pudimos concursar en el primer encuentro para chicos que se nos cruzó, ellos hicieron un corto con una filmadora prestada y se ganaron una cámara. Así fuimos avanzando. Y un día, Rodríguez Jáuregui llegó a dar un taller de animación y me mostró que con pocos elementos se puede hacer algo maravilloso.

P.: Eso la impulsó a realizar sus propios cortometrajes...

A.L.: Siempre mostrando la cosmovisión andina de la tierra y sus habitantes, desde el dibujo “La piedra y el rayo”, que hice con Soledad Fernández y música de Jaime Torres y Tukuta Gordillo, hasta los cuatro capítulos de “Pacha, barro somos”, que Pablo Mar y yo hicimos con arcilla a modo de bajorrelieves en movimiento, y música de Juan Cruz y Lucas Gordillo, el hijo de Tukuta, y que tuvo repercusión en un montón de lugares, incluso en Irak, Georgia, Indonesia y Dubai, lo que me llamaba mucho la atención.

P.: Realmente suena raro...

A.L.: Creo que ver la tierra en movimiento, expresando cosas, es muy hipnótico, y a la vez es universal, habla un poquito de todos, quizá porque la cultura andina tiene algo en común con tantas otras culturas del mundo. Claro, la mayor repercusión fue en Jujuy, lo que me pone muy feliz. Un capítulo, “La Pacha y las almas”, se hizo especialmente viral el Día de las Almas, que es como el Día de los Muertos, pero los muertos nuestros. Ese día se espera la bajada de las almas y se rinde homenaje a los ancestros, esperando que a la noche nos acompañen.

P.: Ahora usted rendirá homenaje a Jaime Torres.

A.L.: La idea del documental nace a partir de su ausencia, y no estaría enfocado tanto en su virtuosismo sino en los caminos que él abrió, y las luchas que batalló. Poniendo el pecho, con un instrumento muy pequeño, fue haciéndose lugar, mostró un pueblo, un paisaje, y una forma de ver la vida quizá distinta de la que tenemos en las grandes ciudades. El trabajo se llamará “Chango Torres, charango en flor”, porque cuando la Madre Tierra abre una flor es porque está en su momento más hermoso, y él hizo que el charango floreciera, no sólo para nosotros sino para mucha gente en gran parte del mundo. Y creo que esa sutileza que tiene la flor, es la misma que él alcanzó con el sonido de su instrumento.

P.: Volviendo a la animación, sus cortos de “Pacha, barro somos” parecen tener algo del espíritu de “Caloi en su tinta”.

A.L.: Muchos me lo dicen. Precisamente, lo que me inspiró para trabajar con la arcilla fue la obra de unos artistas que mi padre dio a conocer en su programa, como Jan Svankmajer, que trabajaba en volumen, y Aleksandr Petrov, que pintaba al óleo sobre un vidrio. Pero ante todo hay un dibujo que me dedicó mi papá, una animación hermosísima de Dudok de Wit, “Padre e hija”. Para mí hacer ese trabajo fue como hacerlo junto a mi viejo, fue una cosa hermosa. El siempre estuvo viendo cómo ayudarme, pero cuidaba que fuera yo la que resolvía las cosas, no él. Gracias a sus consejos pudimos afirmar el Centro Cultural (pero creo que ahí se arrepintió, porque en ese momento decidí quedarme en Humahuaca y no en su casa).

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