Exhibido online durante la pandemia, se estrena el jueves en salas “Una casa sin cortinas”, interesante documental, muy bien hecho, sobre Isabel Perón, quién fue realmente, y cómo la recuerdan, o prefieren no recordarla, aquellos que la conocieron de cerca. Dialogamos con su director, Julián Troksberg, quien había hecho antes “Simón, hijo del pueblo” (codirigida con Rolando Goldman) y “Furia, las peleas de Carlos Monzón”.
Julián Troksberg: "Era extraño que nadie recordara a Isabel Perón"
Estrenan el jueves en salas de cine el documental "Una casa sin cortinas", de Julián Troksberg.
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Troksberg. Realizador del documental “Una casa sin cortinas”
Periodista: ¿Es una trilogía?
Julián Troksberg: En cierto modo es una trilogía involuntaria sobre personajes públicos de la historia argentina: Simón Radowitzky, anarquista cuya figura sobrevive, Monzón, al que unos recuerdan como campeón mundial y otros solo como un asesino, e Isabel, un caso incómodo para muchos. Fue la primera mujer que llegó a la presidencia en nuestro país, y sin embargo tuvimos que ir a rescatarla del olvido.
Periodista: ¿Qué idea tenía usted de ella antes de iniciar una investigación, que le llevó cinco años, hasta llegar a la puerta de su casa en Madrid?
J.T.: Bastante tenebrosa, asociada al comienzo de una etapa muy oscura de la Argentina. Pero cuando se cumplieron 40 años del golpe, yo acababa de cumplir también 40 años, el proyecto hizo click: era extraño que nadie la recordara y que tampoco ella tuviera nada para decir, aislada en su vida española. Así que empecé a trabajar sobre esas contradicciones, en la que se cruzan su papel de victimaria en su presidencia y víctima del golpe que la derrocó y encarceló. Al comienzo pensamos una película sobre el modo en que se recuerda su mandato, pero de a poco, en fin, el interés por ella misma fue creciendo y por eso hay en la película una línea narrativa que literalmente es cuando vamos a buscarla.
P.: En la búsqueda de testimonios, ¿quiénes se brindaron con generosidad? ¿Quiénes fueron reticentes, se negaron, o se echaron atrás? (muy bueno el equilibrio que hace su película entre figuras políticas y personas ajenas a la política, que brindan un retrato más humano, y menos conocido, de Isabel Perón)
J.T.: En general me costó más convencer a las figuras ligadas a la vida política de Isabel, que a las personas que tuvieron contacto con ella de otra manera, como el médico de Perón, que vivía con ellos, el vecino de Gaspar Campos, o sus amigos actuales en España. Pero una vez que aceptaron, todos los entrevistados fueron generosos, se brindaron para charlar y ninguno pidió que no pongamos alguna declaración. Sí hubo dirigentes de todos los partidos que declinaron la entrevista porque, imagino, no querían quedar pegados, y también futbolistas, y artistas.
P.: Salvo Haydée Padilla, la Chona, que fue su compañera de danzas cuando adolescentes. ¿Qué le quedó afuera?
J.T.: Me quedé con ganas de entrevistar a Duilio Brunello, una figura muy importante en el peronismo de los ‘70, que me aceptó la entrevista después de buscarlo por varios años, pero cuando llegamos a su oficina nos canceló por un tema personal, y nunca volvió a aceptar. Y lo lamento mucho porque creo que su mirada habría sido única, e iluminado algo de Isabel que nadie más podía decir.
P.: En aquella época Brunello fue vicepresidente del Partido Justicialista, viceministro de Bienestar Social, e interventor federal de Córdoba. Y murió el pasado mes de mayo.
J.T.: Tampoco pudimos entrar a la casa de Gaspar Campos, y algunas entrevistas, e imágenes, que conseguimos y me gustaban muchísimo no pudieron entrar en la película, como una entrevista a Miguel Romano, entonces muy cercano a Lastiri y Norma López Rega.
P.: ¿Nadie habló del Rodrigazo, ni de Mondelli?
J.T.: Si, especialmente del Rodrigazo había bastante. Pero ligado en cierto modo a otra línea más personal del relato, que quedó afuera: Mi padre (asesinado por la dictadura cuando yo apenas tenía unos meses) era economista. Me interesaba recuperar la mirada que habría podido tener en aquel momento desde el peronismo. Por eso hablé con economistas amigos de mi viejo, como Fernando Porta, y con otros economistas buceando sobre el Rodrigazo. Pero como esa línea personal del relato también quedó afuera, el Rodrigazo es algo que no pusimos.
P.: Buen tema para otra película. En cuanto al material de archivo, de qué fuente son, por ejemplo, la escena inicial en el cementerio, y los planos de los muchachos del bombo en los 80?
J.T.: La primera es de una productora que daba servicios para canales de Brasil. Para mí ese material es el más fascinante que encontramos, porque es donde creo que mejor se ve a Isabelita: incómoda, desfasada, sin ser parte de la escena política argentina pero todavía en el centro del peronismo por historia y apellido. De esa época encontramos material de reuniones con Alfonsín, e incluso el discurso de asunción de Alfonsín en el Congreso donde vemos a Isabel y Carlos Menem, entonces gobernador, aplaudiendo. Esto fue básicamente mucha búsqueda, tocar todas las puertas y levantar todas las piedras que encontrábamos.
P.: Se impone hablar de su equipo.
J.T.: Sebastián Szkolnik hizo un trabajo monumental de búsqueda en los archivos. Pablo Trilnik dio en el clavo con la música, que bien podría ser de una película de terror; Luciano Zito, una cámara nerviosa, como la figura de Isabel; Omar Ester un montaje fino, con gran sentido del ritmo y del relato. Graciela Dobal y Ana Szumik me apoyaron en diferentes momentos.
P.: ¿Quedó satisfecho con su investigación? ¿Y con su película?
J.T.: Ahora me siento mejor, pero durante años me desperté a mitad de la noche pensando en cosas que me faltaban, que no había visto, o estaba dejando afuera, ¡como el Rodrigazo! Y ahora que vamos a estrenarla en cines es ya la película que es. Lo que sí creo que logramos fue generar incomodidad sobre los lugares comunes que se suele tener sobre Isabel. Esa era la idea.
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