2 de mayo 2005 - 00:00

Colón: problemas gremiales deslucen "Bella durmiente"

«La bella durmiente del bosque». Ballet en un prólogo y tres actos. Coreog.: M. Petipa (versión M. Galizzi). Mús.: P.I. Tchaikovsky. Ballet Estable del Colón. Dir.: M. Uthoff. Orq. Filarmónica Bs. As. Dir.: J. Logioia Orbe. (Teatro Colón, próximas funciones: del 3 al 7/5.)

El Teatro Colón inauguró su temporada coreográfica 2005 con «La bella durmiente del bosque», con coreografía de Marius Petipa sobre partitura de Tchaikovsky, revisada levemente por Mario Galizzi.

La apertura se corrió del viernes al sábado, debido a una asamblea del personal realizada justo el día del ensayo general. Los problemas gremiales afectaron también al ballet mismo, que reveló bastante desprolijidad en la interpretación, sobre todo de los conjuntos a los que Petipa dotó de gran barroquismo y simetrías exactas acordes a la propuesta general del espectáculo.

Lo mismo pasó con algunos desempeños individuales, como las variaciones de las hadas del prólogo, donde se observa más de una imprecisión técnica en bailarinas de reconocida solvencia. La dirección artística de Michael Utohff -que debuta en esta temporada con el Ballet Estable- será debidamente apreciada en futuros trabajos, pues esta «Bella durmiente» ha sufrido tantos percances, que habría que calificarla como en proceso de realización.

Para los papeles principales se contrató a dos bailarines europeos (una rusa y un checo) que no alcanzan la calidad artística de las «etoiles» a que nos tenía acostumbrados el Colón hace unos años. De igual manera tanto Natalia Sologud (del Teatro Mariinsky) como Stanislav Frechko (Teatro Nacional de Praga) se destacan en algunos tramos de la obra, imponiendo carácter, plasticidad y óptimas condiciones técnicas. En el elenco nacional se lucen la estupenda Silvina Perillo como Carabosse, junto a Gabriela Alberti como Hada de las Lilas, Maricel De Mitri y Dalmiro Artesiano en Pájaro azul y Leonardo Reale en un deslumbrante Pulgarcito.

Un «aggiornamento» del marco escénico no le vendría mal a esta obra maestra que el Colón hace bien en conservar como pieza fundamental de su compañía. Eso sí, hecha como corresponde, ya que en esta ocasión, tampoco la Filarmónica rinde todo lo que se esperaba de ella.

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