Cómo desaprovechar una idea atractiva

Espectáculos

«Mi super ex novia» (My Super Ex-Girlfriend, EE.UU., habl. en inglés). Dir.: I. Reitman. Guión: S. Payne. Int.: U. Thurman, L. Wilson, A. Faris, E. Izzard, R. Wilson.

Pese a productos totalmente fallidos como «Seis días, siete noches» o anodinos como «Evolución», de una nueva comedia del director de «Los cazafantasmas» (Ivan Reitman), con guión de un libretista de «Los Simpson» (Don Payne) y Uma Thurman en el papel de una superheroína se puede esperar, como mínimo, entretenimiento. Más aún si se sabe que el film le toma el pelo a los superhéroes en general y al perfil que les está dando últimamente Hollywood en particular. La idea es buena, pero el guión hace agua rápidamente y Reitman evidentemente ya no es el que era.

Comparados con los desajustes emocionales de Chica-G (el lector puede imaginar lo que quiera sobre el significado de esa «G»; de todos modos, algo se dio por sentado porque nadie se lo explica), los traumas que atormentaban al héroe de «Batman inicia» o las fobias del de «Superman regresa» son verdaderas nimiedades. Por lo demás, Chica-G vuela, siempre se aparece donde alguien lo necesita y hasta obsesiona a un villano que se la tiene jurada. El problema es cuando se enamora. O mejor dicho, el problema es del que tiene la mala suerte de que ella se le enamore. En este caso, el desdichado es Matt Saunders (Luke Wilson), un individuo con escaso atractivo para las mujeres hasta que conoce a Jenny Johnson -tal el nombre de entrecasa de «G»-, una chica con «pinta de bibliotecaria reprimida», como dice el infaltable amigo machista de Matt. Tiene razón, Jenny parece exactamente eso, tras sus consabidos anteojos de marco negro, etcétera.

Contar los pormenores de la relación es contar el único chiste en el que se sostiene toda la película. Sí puede decirse que hay muchas y pueriles alusiones al (y escenas de) sexo, que Uma Thurman hace lo posible para «componer» sus dos personalidades, hasta que el personaje pierde por completo la compostura, que Luke Wilson revolea los ojos sin ton ni son en todo momento, y que los efectos especiales no son nada del otro mundo. Todo es tan previsible y falto de gracia, que la simpática animación que acompaña los créditos finales parece puesta ahí adrede para que el espectador se olvide de lo que vio y al menos se vaya con una sonrisa. A la crítica estadounidense y europea le resultó enojoso el «sexismo» del argumento (y sí, las mujeres son todas exaltadas, inseguras y controladoras), lo cual es francamente exagerado. Si algo no tiene «Mi super ex novia» es pretensiones de afirmar o negar ninguna cosa. Lo cual, en este caso, es un mérito.

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