Conflictos simples de gente complicada

Espectáculos

«¿Quién dice que es fácil?» (Argentina-España., 2007, habl. en español). Dir.: J. Taratuto. Guión: P. Solarz; Int.: D. Peretti, C. Peleritti, D. Rabinovich, L. Catalano y elenco.

Más aplomada, menos regocijante que «No sos vos, soy yo», pero igualmente satisfactoria, la segunda comedia romántica de Juan Taratuto habla de la difícil relación (que aspira a ser conyugal) entre dos personas al parecer diametralmente opuestas. Pero ya lo dijo Bernard Shaw: «El matrimonio es una alianza entre un hombre que no puede dormir con la ventana cerrada y una mujer que no puede dormir con la ventana abierta». En este caso, quien se encierra es el hombre, y quien necesita mantener la ventana abierta es la mujer. Ella lo expresa muy bien, durante una discusión que quizá suene un poquito falsa porque el diálogo está demasiado armado, pero, a fin de cuentas, eso no es problema. Al contrario, da gusto cuando las discusiones que vemos en el cine tienen las palabras precisas y el nivel de calidad y elegancia que uno quisiera encontrar y mantener en las discusiones que sufre en la vida real. Para eso va también la gente al cine, y para ver que, además, todo tiene final feliz, o por lo menos abre una etapa que justifica las penurias anteriores.

El asunto es simplemente el conflicto de simpatía y recelo entre un tipo muy estructurado y una vecina embarazada que no sabe (ni le importa) quién es el padre de su criatura. Sus vidas, sus amistades, son muy diferentes. Para complicar las cosas, él es el dueño de la casa que ella alquila. Vale decir, los complicados son ellos, porque después se verá que ella también tiene lo suyo, pero el asunto es simple, y todo espectador sabe que la palabra Fin llegará en un momento satisfactorio.

Muy linda, al respecto, la canción que cierra la película. Y muy adecuada la caracterización de ese hombre cuyo principal recuerdo de infancia es uno (que luego se descubrirá falso) arriba de un auto, su negocio es un lavadero de autos, su pasatiempo es jugar al scaletrix con dos amigos que parecen de la primaria, y su padre, tan triste y solo como el hijo, todavía mantiene el Peugeot 404 de los buenos tiempos. Muy bien, como era de esperar, Peretti y Peleritti. Agradables, aunque quizá dignos de mayor aprovechamiento, los personajes que componen Daniel Rabinovich (un perplejo abogado puesto en terapeuta), Carlos Portaluppi y Marcelo Serré (los amigos), y el español Guillermo Toledo (un médico fuera de norma). En otra cuerda destacan el uruguayo Andrés Pazos (el padre), Mónica Galán (un personaje cortito pero precioso), y, en cuerda propia casi al borde del abismo, del que se salva por lo graciosa, Lidia Catalano, sobre todo en una escena algo subida de tono.

P.S.

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