20 de septiembre 2005 - 00:00

Conformó a sus fans la fórmula Avril Lavigne

La cantantenorteamericanarepitió suexitosa fórmulaante dos Obrascolmados depreadolescentesy hastaniñosacompañadospor sussorprendidospadres.
La cantante norteamericana repitió su exitosa fórmula ante dos Obras colmados de preadolescentes y hasta niños acompañados por sus sorprendidos padres.
Avril Lavigne (voz, guitarra, piano). Con M. Brann (batería), D. Bronson (guitarra líder), C. Wood ( guitarra rítmica) y C. Moniz (bajo). Soporte: Daniela Herrero. (Estadio Obras, 17 y 18/9.)

La canadiense Avril Lavigne es una de esas perlas que cada tanto encuentra la industria del espectáculo musical. Y Argentina, como una plaza muy propicia para los productos exitosos internacionales, no quedó afuera tampoco esta vez del «huracán rubio». Con apenas 21 años de edad y dos discos editados («Let go» de 2002 y «Under my skin» del año pasado), ha vendido ya más de 25.000.000 de copias. Y, junto con los discos de oro y platino, llegaron los premios Grammy, los MTV y cuantos otros tiene la industria para casos como éste.

Apuntada fundamentalmente al público preadolescente y hasta infantil (en Obras, fueron muchísimos los niños acompañados por sus padres que miraban entusiasmados a sus hijos más que a lo que pasaba en el escenario), se la construyó desde el marketing como una chica rebelde. Bautizaron «skater punk» a su estilo y la rodearon de una banda con formato y sonido rockero. Como corresponde al público para el que está dirigida, los shows porteños tuvieron un horario vespertino apto para todos. Y como era de esperarse, todo transcurrió de acuerdo a lo previsible. Avril es una buena cantanteque no muestra originalidades ni sorpresas respecto de muchas otras que pasaron antes por este negocio. Pero sus melodías son pegadizas y los hits se suceden uno tras otro, es joven y simpática en su producida rusticidad -con look de «punk fashion»-, la música está en realidad más cerca del pop que del rock and roll, y maneja con comodidad de veterana el gran escenario.

Con eso, y con un repertorio que pasó por sus dos discos, le sobró para enloquecer a una multitud que pagó 60 pesos para verla y escucharla desde las localidades más baratas.

R.S.

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