La jornada peronista de ayer en el Bafici estuvo balanceada
con la exhibición del tenso mediometraje nacional «El
asaltante», de Pablo Fendrik.
Casi podría decirse que el de ayer en el Bafici fue un día peronista. O, al menos, de artistas plásticos peronistas. En competencia se presentó el seguimiento de una juguetona experiencia de Daniel Santoro, «Pulqui, un instante en la patria de la felicidad». Y en paralelas, se vio «La marcha sobre Ezeiza», rescate de lo que filmó Carlos Nine con una camarita amateur el 18 de noviembre de 1972, cuando las multitudes salieron a recibir al general Perón, que por primera vez volvía a la Argentina.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Aunque lluvioso, aquel fue un día de fiesta para todos los seguidores del viejo líder, y así se aprecia en la pantalla. Erróneamente, el catálogo del Bafici publica una foto de otro día en Ezeiza, cuando, al año siguiente, esas mismas multitudes se enfrentaron causando una terrible matanza. Por supuesto, esto es lo que hoy más se recuerda cuando se habla de Ezeiza, pero Nine recuerda una época anterior, de ilusiones. También Santoro evoca ilusiones de un tiempo aún más lejano, y lo hace con su habitual alegría de niño grande, construyendo una maqueta del avión Pulqui para hacerla volar en la República de los Niños (maqueta que ahora está en exhibición en el Abasto). El film muestra esa alegría pese al cielo nublado, el recelo de gente más seria, y el resultado mismo de la experiencia.
Reveladora, la escena en que el artista explica el significado de uno de sus cuadros, donde el peronismo aparece como un espacio verde, «de vagabundeo ideológico» entre las rígidas estructuras de izquierda y derecha. Intensa, entre lírica y dramática, la versión de «La marcha peronista» que su hijo toca en el piano. E inesperada, coherente, y bella, la repentina imagen de una Evita con aureola, cuidando a una niña en un bosque, según creación de Alejandro Fernández Mouján, director del documental.
Para las nuevas generaciones: el Pulqui, o Flecha, en quechua, fue un prototipo argentino de avión caza a reacción, construido por la Fábrica Militar de Aviones entre 1947 y 1959, bajo dirección de los ingenieros Kurt Tank, Norberto Morchio y Emile Dewoitine. Los antiperonistas criticaron especialmente la presencia de Tank, porque había trabajado bajo el III Reich, sin considerar que los soviéticos copiaron sus viejos planos para hacer el Lavachkin y el Mig-15, que en 1956 EE.UU. contrató su equipo sin ningún problema, y que después él desarrolló en la India un caza que se mantuvo en actividad hasta 1985. Detalle irónico, el quinto prototipo del Pulqui está en el Museo Nacional Aeronáutico de Morón, a pocos metros del lugar donde Perón finalmente aterrizó en 1973, mientras en Ezeiza se mataban por él a tiros y cadenazos.
Otra novedad señalable de ayer en el festival fue «El asaltante», tenso mediometraje de Pablo Fendrik siguiendo el raid delictivo de un tipo bien vestido, y además bien interpretado por Arturo Goetz, el simpático doctor que bromeaba con las promotoras en «La niña santa», y encantador padre chanta en «Derecho de familia». Con esta actuación Goetz se apunta ya para algún premio.
Dejá tu comentario