«La señora Macbeth» de G. Gambaro. Int.: C. Banegas, F. Pérez Bodria, C. Romero, S. Hilario y D. Moroni. Dir.: P. Audivert. Mús. y ejecución en vivo: C. Peña. Dis. Ilum.: L. Rodríguez, I. Riveros. Dis. Vest.: M. Banach. ( Centro Cultural de la Cooperación).
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"¡Quiero un conjuro que me vuelva inocente!", grita la desquiciada Señora Macbeth, incapaz de asimilar el horror en el que ha quedado sumergida por ser víctima y cómplice de su poderoso marido.
Las palabras pertenecen a Griselda Gambaro, el argumento y los personajes al «Macbeth» de Shakespeare, pero no se trata de una versión actualizada de esa tragedia, sino de una obra que indaga en los aspectos más oscuros y perversos del poder, ya sea a nivel metafórico (haciendo foco en la relación amo/ esclavo, la identificación de la víctima con su victimario, etcétera) o en su nivel más concreto e institucionalizado: la clase política.
La historia es conocida: Macbeth mata al rey Duncan para asegurarse el trono y a pesar de que las brujas le han augurado que no podrá ser derribado por ningún hombre nacido de mujer, su afán de poder lo lleva a cometer nuevos crímenes. El texto de Griselda Gambaro entra en intensa consonancia con el de Shakespeare y toma de él sus recursos poéticos más eficaces (la referencia a las manchas de sangre que se eternizan en las manos de Lady Macbeth, es sólo un ejemplo). Y a la vez transforma a esta ambiciosa mujer en un personaje mucho más temible y cercano que el del original.
• Asociaciones
La obra alude también -si es que el espectador está dispuesto a hacer asociaciones-a la escalada de violencia que domina el mundo de hoy, donde el poder aparece completamente disociado de la justicia y del respeto por los valores humanos.
Mientras la Señora Macbeth naufraga en el horror, las brujas predicen un futuro (que no es otro que nuestro presente) en donde aquellos que detentan el poder sumarán crímenes aún peores, pero eso sí, sin perder el sueño como Macbeth.
La magistral labor de Cristina Banegas -en uno de los papeles más brillantes de su ya prestigiosa carrera-convierte la obra en un auténtico viaje a los infiernos. Su personaje transita por los estados más diversos. Estos van de la locura y la desintegración del yo a la más detestable iniquidad y del gesto escalofriante al delirio cómico.
• "Monstruo"
Ante semejante « monstruo» en escena, ni el trío de brujas ni el personaje de Banquo (todos jóvenes actores) logran transmitir la misma intensidad ni el mismo oficio,pero tampoco desentonan. La puesta de Pompeyo Audivert está llena de pequeños detalles: la presencia de un cellista en escena, el sugerente vestuario puesto a jugar como herramienta dramática, la iluminación multiplicando el espacio. Son muy pocos elementos pero puestos al servicio de hacer visible lo invisible, una regla de oro del teatro que muy pocas veces se cumple.
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