9 de agosto 2005 - 00:00

Cumbre Legrand-Giménez en el debut de los almuerzos

Durante uno de los cortes, Susana Giménez y Mirtha Legrand en la apertura de los almuerzosen «América». A la der., un detalle de la cocina mientras preparaban los platos.
Durante uno de los cortes, Susana Giménez y Mirtha Legrand en la apertura de los almuerzos en «América». A la der., un detalle de la cocina mientras preparaban los platos.
Susana Giménez cumplió su promesa de retribuirle la visita a Mirtha Legrand, quien a principios de año había concurrido con su hija Marcela Tinayre y su nieta Juanita Viale al living de Giménez. Esta, el año pasado, no le había devuelto a Legrand la gentileza de su visita en el debut de 2004, pero ayer sí lo hizo. Las cosas hoy son distintas. Tal vez porque recapacitó, tal vez porque su debilidad ante Marcelo Tinelli la volvió más vulnerable y necesita una tribuna privelegiada para hablar (nunca se sabe), Giménez dio el paso y ayer acompañó a Legrand en su debut.

Durante el extenso primer bloque, la conversación sólo giró sobre la batalla del rating y la supuesta campaña en su contra; cuando Legrand propuso pasar a otro tema, Giménez insistió: «Dejame que te aclare Mirtha, falta mucho para fin de año pero en 2006 volveré a Telefé, aunque sólo seis meses, como Tato».

Mientras saboreaban el primer plato, salmón ahumado al jengibre y agua sin gas (la invitada no bebe ni la copita de champagne inicial), dialogaron sobre Tinelli y las mediciones alternativas (encargadas a Julio Aurelio) que se conocerán a principios del mes que viene. Cerca de la mesa ubicaron al chef, quien cocinaba en vivo pero se confundía entre el pelotón de fotógrafos y movileros que intentaban registrar «la cumbre de las divas».

Legrand
anunció que hoy almorzará con Gerardo Sofovich, el viernes con Roberto Lavagna, el jueves con Enrique Pinti y Guillermo Francella. Luego dijo que quisiera reunir en su mesa a «las damas, Chiche y Cristina, juntas» y a Néstor Kirchner. Interrogada sobre alguna estrella internacional, se inclinó por Brad Pitt. Legrand quiso saber más sobre las mujeres candidatas y le preguntó a su invitada a cuál prefería. Pero Giménez respondió que, como no votaba en provincia «elijo a Macri porque si en Boca hizo lo que hizo, imaginate en el país». Legrand, en cambio, no informó por quién se inclinaría.

En los cortes, el diseñador Jorge Ibañez, atento a los detalles del vestido rosa de la anfitriona, retocaba la boa de piel cada vez que podía mientras las maquilladoras y peluqueras cuidaban los detalles del rostro y cabello. Las dos mujeres eligieron el mismo estilo, pues Giménez también exhibió una piel, pero color amarillo rabioso.

Tampoco faltó al debut Carlos Rottenberg, quien velaba por el bienestar de Legrand, mientras su invitada había llevado una troupe de colaboradores y asistentes. Pero no resultaron igual de eficaces que los apuntes diarios de su producción, y no pudieron socorrerla cuando Legrand la interrogó sobre algunos temas de actualidad. Cuando la conductora recordó el comentado «escrache» a Estela de Carlotto con huevazos incluidos, Giménez se sorprendió: «¿Ah si? , ¿qué huevazos?, qué pasó?». Legrand, con paciencia, explicó el episodio y pasó a otro: «¿Leíste los diarios?, ¿Viste el caso de la pareja de lesbianas que adoptó un bebé, qué opinás?» pero no obtuvo la polémica esperada sino tibias respuestas dubitativas de parte de Giménez, quien (¿será parte de su encanto?) no sólo no lee los chismes que se publican sobre ella (reiteró que se entera por su masajista) sino tampoco los diarios en general.

El capítulo político continuó con opiniones de ambas acerca de la economía, los piqueteros, cartoneros y candidatos, pero antes coincidieron en que los políticos aman las cámaras en lugar de pararse en las esquinas de los barrios para hacer campaña. A diferencia de ellas, sostenían, que prefieren el contacto con la gente antes que el acoso de movileros.

«Aunque no te guste la política Susana, te tengo que preguntar, ¿qué opinás del país?». Giménez habló del resurgimiento de la economía en 2001: «Fue un despegue impensado, no lo esperaba. Pero con los ejércitos organizados de piqueteros, pagos seguramente, a quienes no deberían permitir parar el país, y los cartoneros, retrocedimos mucho». También expresaron preocupación respecto de los empleados del Hospital Garraham, pero todo con el apuro de la TV y sólo con comentarios del tipo «Terrible lo del Garraham; los salarios subieron poco, unos 30 pesos; los impuestos son muy altos, si se destinaran a arreglar las calles o los hospitales, todavía», resumió, preocupada, Giménez.

Era el programa número 2757 del año 37 de almuerzos, y su estrella volvió a anticipar que será la última temporada.

Luego, se entregaron a lo que más le interesaba seguramente al público: a charlar sobre los hombres en la vida de
Susana Giménez. Es decir, un tema del que la invitada podía discurrir sin haber tenido que leer los diarios.

El primero en cuestión fue su adversario televisivo,
Marcelo Tinelli: «Dos meses gané yo y dos meses ganó el; hay que ver cómo sigue. Cuando Marcelo me comentó a principio de año que iba a competir conmigo le dije que era un horror, que él me había prometidoque no competiríamos». Luego se quejó de que todo el mundo la copia. «Traigo al enano más chico del mundo, traigo al más grande, traigo a los que se llenan de piercings, traigo a los chiquitos a la TV, y me critican, pero luego me copian. ¿Sabés cómo llamo a la productora de Tinelli? 'Ideas de Su'».

Todavía durante el primer plato, Legrand lanzó: «Estás enamorada» y Giménez dramatizó: «Ay Chiqui, iba a comer el salmón y mirá lo que me preguntás». Luego habló de su relación con Jorge Rama y se solidarizó con él «porque sólo le bastó fijarse en mí para tener que padecer la aplanadora que le mandaron por encima». Pasaron a Huberto Roviralta: «No fue un cenicero, fue una cajita china pero cuando se armó el escándalo, ¿cómo explicaba lo de la caja? Así que dije que lo que le arrojé era un cenicero. Con él no volvería, o mejor dicho, primero que me devuelva la plata y después hablamos».

A Ricardo Darín se refirió como «divino, brother, te quiero». A Corcho Rodríguez como «un amigo aunque él dice que no puede ser amigo mío» y a Maradona como «amigo número uno de la tierra».

Durante el segundo plato, pollo caprese con crema de champignones y peras caramelizadas, Legrand se animó con una pregunta complicada: «¿Tenés problemas de peso, Susana?». Obtuvo un «Si» automático y luego un detalle de la dieta, que por cortesía ese día rompió. Al menos fue lo que dijo. «Al mediodía no como más, sólo un yogurt y un candie.A la noche pollito con puré de calabaza. Es una guerra perdida» y reconoció su miedo a la vejez, aunque no a la muerte. «Creo en la reencarnación y aprendí mucho leyendo a Brian Weiss. Morir te da paz, por eso las religiones y la gente promueven esa idea. Todo el mundo que se muere dice: queépaz». Se referiría a los que vuelven de la muerte, posiblemente.

Siguiendo con los hombres, también hablaron de los ausentes:
«Yo crié a mi hija sin presencia masculina en casa. No tuve apoyo, el padre de mi hija no me pasaba ni una mamadera ni un pañal». Fue el momento nostálgico del programa pero se disolvió rápidamente cuando volvieron del corte y el chef les sirvió el postre, llamado para la ocasión, «Dos divas», un mousse frutal. Las mujeres dialogaron con el cocinero en francés durante algunos minutos; antes se habían quejado de la probreza del lenguaje y la cultura en TV.

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