13 de diciembre 2002 - 00:00

Demasiado estilo para un policial tan modesto

Demasiado estilo para un policial tan modesto
«Bésame o mátame» («Kiss Or Kill», Australia, 1997; habl. en inglés). Dir.: B. Bennett. Int.: F. O'Connor, M. Day, G. Reveel y otros.

"Bésame o mátame" delata dos aficiones de su director, el australiano Bill Ben-nett-: el cine negro norteamericano y los juegos de cámara y montaje. Este policial «del camino», que data de hace cinco años, es un compendio de sus muchas tardes de matiné (las referencias van de «Bonnie & Clyde» a «Bésame mortal-mente»), y casi un muestrario de los diferentes resultados visuales que es capaz de obtener con ángulos de toma inusuales y una edición que altera el tiempo convencional del relato.

Casi podría decirse que la película es un excelente ejemplo para ver y desmenuzar en una escuela de cine. El único problema es que también la debe ver el público, y posiblemente el entusiasmo no sea, en ese caso, similar al de los futuros cineastas. Tanta técnica y tanta cita pueden llegar a ser obstáculos y no incentivos para disfrutar una película, y el interés inicial, en ese mismo sentido, también corre el riesgo de transformarse en sopor.

Porque la historia, y sobre todo sus escenas iniciales real-mente fuertes, no dejan de ser atractivas. «Bésame o mátame» cuenta las aventuras de una pareja de delincuentes de poca monta, Nikki y Al (Frances O'Connor y Matt Day), cuya operatoria consiste en desvalijar a incautos viajantes débiles a la carne: ella los engatusa, los lleva hasta la habitación del motel donde están parando, y allí aparece él para adormecerlos con una sustancia y robarles lo que llevan encima.

Siempre han procedido así hasta que, una desafortunada noche, la dosis que aplica Al es excesiva, y el hombre se les muere. Ese es su primer asesinato, el principio de sus sospechas recíprocas, y también el debut en el chantaje: cuando se llevan la valija del muerto descubren, en su interior, un video que compromete a un conocido rugbier mientras tiene sexo con un menor.

A partir de allí, la fuga por el desierto, la doble persecución (policías y chantajeado), el barroquismo de estilo y, consecuentemente, la saturación y el paulatino desinterés por la acumulación de cadáveres y suspicacias. Como escribió una vez un señero crítico alemán: «A veces más, es menos», y como dijo «Les Luthiers»: «Ay, no te compliques».

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