5 de diciembre 2012 - 15:21
"Dentro de lo clásico aún queda mucho por hacer"
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Iñaki Urlezaga
I.U.: Nureyev, que fue un gran artista e hizo su versión, Vasiliev, que es otro gran artista y que es un poco lo opuesto a mi versión, porque en la suya es un muñeco, así que son dos concepciones distintas. La versión de Nureyev también difiere, pero ambas me han servido a modo de inspiración y no de copia.
P.: ¿Y como coreógrafo?
I.U.: Petipa, Balanchine y Nureyev son tres grandes en el repertorio en general.
P.: ¿En el momento de crear piensa en sus propias potencialidades en el papel que le va a corresponder?
I.U.: No necesariamente. Busco el equilibrio, busco que el público obtenga el mejor espectáculo posible. Esta obra la hice para el Teatro Argentino de La Plata y la versión no iba a contar con mi presencia como bailarín. Pienso en la totalidad: eso le aporta más al espectáculo que mi simple participación.
P.: Usted ha incursionado con «Traviata» en la transformación de la ópera en ballet. ¿Es un intento de integrar públicos?
I.U.: Más que nada, de darle un nuevo impulso al ballet. No busco lo que pasa del lado del público: busco lo que pasa dentro del escenario y detrás, como artista mi idea es lograr que dentro de mi posibilidad que haya un recambio, que haya nuevas obras, nuevos personajes. No es verdad que todo esté hecho: siempre hay cosas por hacer. Y voy a seguir creando.
P.: ¿Por ejemplo?
I.U.: El año que viene voy a hacer una película en versión ballet, una película que habla de nuestra cultura. Por ahora no puedo revelar el nombre. Soy muy lento para los procesos creativos, todo se me desarrolla interiormente de una forma muy paulatina.
P.: ¿Piensa que aun falta hacer más para la llegada del ballet al público masivo?
I.U.: Sí, hay que seguir dando para que la gente logre terminar de entender. Es una cuestión de gustos, como la comida: a un chico hay que darle distintas cosas para que pruebe y vaya determinando qué le gusta y qué no, y ahí va a encontrar su gusto. Es exactamente lo mismo: la cultura entra por los ojos.
Entrevista de Margarita Pollini



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