“La Odisea” de Christopher Nolan que ahora se estrena culmina, por el momento, una larga lista de adaptaciones cinematográficas. También hay una opera de Monteverdi, 1680, “Il ritorno di Ulisse in patria”, y versiones teatrales como “Odiseo y Penelope”, de Vargas Llosa, que él mismo protagonizó en 2006 junta a la española Aitana Sánchez-Gijón.
Las otras Odiseas: el viaje de Ulises a lo largo de la historia del cine
Un repaso por las producciones que retrataron el retorno del héroe a Itaca desde inicios del siglo XX. Llega al cine, ahora, una aclamada versión de Chritopher Nolan.
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Un nuevo retrato del clásico de Homero llega al cine, pero no es el primero.
En escena, solo Ulises contándole a su esposa todas sus andanzas fuera de casa, y ella transformándose en Palas Atenea, Circe, Calipso, las sirenas y hasta en Polifemo a medida que lo va escuchando y creyéndole a medias. Pero limitémonos al cine.
Abre la lista Georges Mélies, el mago, con un cortito mudo de 1905, “La isla de Calipso: Ulises y el gigante Polifemo”, todo cartón pintado, mímica, señoritas de túnicas leves y un juego de doble impresión que entonces asombraba y hoy causa ternura. Poco más tarde, “L’Odissea”, 1911, de y con Giuseppe de Liguoro, que contaba todo a grandes saltos en apenas 43 minutos. Pasaron los años y al fin apareció la gran película de aventuras, drama, amor y amoríos, “Ulysses”, 1954, coproducción ítalo-franco-norteamericana de Mario Camerini, con Kirk Douglas luciendo un cuerpo atlético, expresivas miradas de rabia y nostalgia al mismo tiempo, y una barbita siempre bien recortada. Coprotagonista, Silvana Mangano haciendo de Circe y de Penelope. En el reparto, Rossana Podestá y otros portentos femeninos de la época. Efectos especiales del histórico Eugen Schufftan (el mismo de los efectos de “Metropolis”), diálogos recitativos muy a tono, rodaje en lugares mencionadas por Homero, producción de los insignes Carlo Ponti y Dino de Laurentiis (con doble i), película que aún conserva su encanto. Un pequeño fragmento de este “Ulises” aparece en “Cinema Paradiso” a modo de homenaje.
En los ‘60 comenzaron las series y miniseries, como “Las aventuras de Ulises”, 1968, ítalo-franco-germana de Franco Rossi y Mario Bava, artesano del terror, con el bosnio Bekim Fehmiu, la trágica griega Irene Papas (al fin una griega en una historia de griegos) y una jovencita Barbara Bach en el reparto; “The Odyssey”, 1997, miniserie en coproducción EEUU-Gran Bretaña, Italia, RFA y Grecia, dirigida por el ruso emigrado Andrei Konchalovsky, con Armand Assante, Greta Scacchi, Isabella Rossellini, Geraldine Chaplin, Bernardette Peters y también Christopher Lee, producción Hallmark de la que pocos hablan bien; y “The Odyssey”, serie norteamericana con Dominic Keating que acaba de estrenarse en EEUU justo ahora, animándose a competir con la superproducción de Christopher Nolan.
Párrafo especial, las versiones animadas para niños. Primero, “La odisea de los muñecos”, 1975, película mexicana en stop-motion del argentino Carlos González Groppa. Luego, “Ulisse 31” (título original “Uchu densetsu”), dibujo japonés a cargo del prolífico Hajime Hasegawa libremente ambientado en el futuro, y en el espacio, que supo verse en la tevé argentina. Y después, dibujos alemanes, franceses, polacos, sin dejar recuerdos suficientes.
El regreso
Más allá de un viaje lleno de situaciones prodigiosas y más acá de los dioses y las tentaciones, se impone en todas las versiones el amor entre Ulises y Penelope, y el amor a la patria chica.
Eso está desde “Le retour d’Ulysse”, 1909, de André Calmettes y Charles Le Bargy, hasta la serie “Odysseus”, de Fréderic Azémar y Stéphane Giusti, 2013, centrado en los esfuerzos de Penelope y su hijo Telemaco para desarmar las intrigas de los supuestos pretendientes de la supuesta viuda, sujetos que en verdad lo que pretenden es el trono de Itaca matando si es necesario a su heredero legítimo.
Y una película singular, “The Return”, Inglaterra, 2024, con Ralph Fiennes y Juliette Binoche bajo dirección del conde Uberto Pasolini, sobrino de Visconti. Los tiempos han cambiado, y antes que los gestos viriles del personaje afloran largamente los gestos de amargura, arrepentimiento y dolor. El hombre, el héroe, sabe cuánto dolor ha causado en la guerra, cómo se convirtió en una bestia (bestia inteligente, pero bestia al fin) y le pesa demasiado haber vuelto al hogar mientras que sus hombres, de los que era responsable, fueron quedando en el camino. Eso ya estaba en el viejo texto homérico.
“Musa, háblame de ese hombre sutil que tanto anduvo/ tras de arruinar la santa ciudad de Troya, errando;/ vio pueblos, conoció hábitos de mucha gente, y tuvo/ que penar tanto en su alma por los mares, buscando/ asegurar la vida y el deseado regreso/ con sus acompañantes, sin salvarlos por eso”, tradujo libremente Leopoldo Lugones.
“The Return” apenas se vio en los festivales de Toronto y Mar del Plata. No tuvo éxito en las salas. El público prefiere ver héroes seguros de sí mismos, sin tanto cargo de conciencia. En fin, quedan algunas cositas en el tíntero. Por ejemplo, el viejo perro Argos, que al reencontrarse con su amo muere de emoción, un personaje hermoso que pocas adaptaciones tienen en cuenta. Y luego, la duda: ¿qué estaba tejiendo exactamente Penélope en el telar? Generalmente dicen que un tapiz. Quino, en uno de sus primerísimos trabajos, daba otra visión: Ulises, recién llegado, exclamando “Hola, vieja, ¿y ese pullover?” (más variaciones, en el estupendo libro “Los clásicos según Fontanarrosa”, 1980, pero esas ya son otras historias).


