26 de febrero 2003 - 00:00

Desopilante conflicto con mafiosos húngaros

Alvaro Gutiérrez Zaldívar «Calipso» (Bs.As., Grupo Editor Latinoamericano, 2002, 246 págs.)

Alfonso es un hombre tranquilo, que asume dichas y desgracias con envidiable equilibrio. Su fortuna le ha permitido viajar por todo el mundo y relacionarse con gente de lo más variada. Como él mismo lo deja entrever en sus recuerdos y reflexiones, siempre ha demostrado una gran tolerancia y sentido común. El autor de «Calipso» dedica casi cien páginas de su novela a la libre expresión de este simpático personaje que opina de todo y salta desordenadamente de una cosa a otra (recuerdos familiares, alguna anécdota de viaje, reflexiones sobre distintos acontecimientos históricos) sin otro objetivo que darse a conocer. Alfonso detalla minuciosamente todos sus gustos y preferencias, como lo haría un hombre bien informado y deseoso de compartir sus ideas e inclinaciones. Pero sus testimonios resultan algo caóticos, mezclan lo general con lo particular, el comentario intimista con la reseña histórica, desentendiéndose de cualquier pretensión literaria. Felizmente, el protagonista deja sus elucubraciones de lado para entrar en acción, dando inicio al tramo más entretenido de la novela. La vida de Alfonso da un vuelco cuando éste se entera que André (un amigo de la infancia, de origen húngaro y extremadamente parecido a él) le ha dejado en herencia un importante club nocturno llamado Calipso. Sin haberlo previsto, Alfonso termina endeudado con un grupo de mafiosos húngaros, que ignoran la muerte de André y pretenden seguir cobrando lo que se les debe.

Haciendo gala de una ingenuidad digna del Agente 86 (eso sí, compensada con un savoir faire muy porteño) Alfonso decide enfrentar a sus perseguidores con la ayuda de Mara, su bella administradora. Pero antes inicia un entrenamiento en diversas técnicas de defensa (incluido el aprendizaje de húngaro). Tras algunos contactos en Colombia ambos llegan finalmente a Hungría, donde mantienen un desopilante encuentro con la maffia local. Las maniobras de Alfonso surten efecto gracias a su sangre fría, a los archivos secretos de su amigo André y a unos cuantos pasaportes falsos.

Tal vez no resulte del todo creíble que un hombre tan convencional termine envuelto en aventuras tan peligrosas, pero el humor casi inglés del personaje, su tendencia a no tomarse muy en serio a sí mismo, invita al lector a acompañarlo y a entretenerse con él.

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