Esta vez, los integrantes del grupo de humor gestual Tricicle ridiculizan el uso de la silla en cada etapa de la historia provocando carcajadas continuas en la platea.
«Sit». Guión y Dir.: Tricicle (C. Sans, J. Gracia y P. Mir). Mús.: P. Bardagí. Esc.: Ll. Castells. Ilum.:: Ll. Mártí. Vest.: A. Güell (Sala Pablo Neruda, Paseo La Plaza.)
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Una silla es el comienzo de todo; el centro sobre el que se ha desarrollado la humanidad. Con ese resumen argumental, nada simple aunque parezca lo contrario, la compañía catalana Tricicle presenta su espectáculo de humor gestual «Sit». La puesta toma los elementos clásicos de actuación a que apelaron los tres integrantes del grupo en sus espectáculos anteriores (en Argentina debutaron en 1998), pero esta vez poniendo como protagonistas a los hombres-silla (la saga de la familia «Chairwood») para realizar un despliegue cómico que utiliza hasta la historia de la arquitectura como soporte y que, en su estilo, no tiene demasiados antecedentes en el país.
Así, arranca el espectáculo con una interpretación de la creación de la silla en uno de los momentos más logrados: tres homínidos aparecen en medio de la oscuridad del escenario, con la sola voz de una relator de fondo que ayuda a poner contexto al relato.
De allí en más, sólo sonidos guturales y alguna que otra interjección es todo lo que se escuchará de boca de Carles Sans, Joan Gràcia y Paco Mir. Juntos desarrollan cada gag o sketch a lo largo de esa historia estirando hasta el infinito la ridiculización del uso de la silla en cada etapa de la historia. No hace falta más para mantener la carcajada casi continua en un teatro lleno que, por momentos, reconoce sobre la escena elementos de Les Luthiers o Mister Bean, pero no suficientes como para establecer paralelismos.
De esa silla primaria, en realidad un tronco partido, arranca una excelente repaso por la historia de la silla que es, en realidad, la protagonista de cada uno de los actos. Ayudados por una pantalla de video que por momentos aparece sobre el escenario y con la sola escenografía de una silla gigante en el medio, cuentan cada paso de la vida de la familia Chairwood, descendiente de esos habitantes primitivos inventores de ese mueble.
Hay tres momentos imprescindibles en el espectáculo. La clase sobre los tipos de silla inventados -como las inútiles de una o dos patas-y sus usos, resulta casi destinada a integrar alguna antología. Más tarde, tres filas de butacas puestas sobre el escenario les sirven para parodiar el comportamiento común de cualquier espectador de cine, teatro o deportes con una serie de flashes que no dejan tiempo casi para reflexionar. Es todo un despliegue de gags sobre las relaciones sociales, que se repetirá luego en la imperdible sala de espera de un consultorio odontológico.
Es que, por momentos, las carcajadas casi no dan tiempo a detectar que tras el espectáculo cómico aparecen desde ironías al absolutismo político hasta los rastros que dejaron en los españoles los tics públicos a que obligó en ese país la dictadura franquista. Sutilezas de ese tipo se ven también en los pasos circences que protagonizan en otros tramos de la historia los herederos de la familia Chairwood.
El silencio de los catalanes no resulta abusivo, como algunos espectadores temen al comenzar el espectáculo. De hecho el relator en off compensa con creces los hilos que pueden perderse en ese relato social-arquitectónico donde el juego escenográfico viene acompañado de una estética casi impecable.
Por si a alguno le quedan dudas, al final de la función los tres catalanes esperan en la puerta de la sala para saludar a cada espectador.
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