19 de diciembre 2002 - 00:00

Día de furia doble para ver y debatir

Día de furia doble para ver y debatir
«Fuera de control» («Changing Lanes», 2002, habl. en inglés) Dir.: R. Michell. Int.: S. L. Jackson, B. Affleck, S. Po-T. Collete, W.Hurt, A. Peet, D. Baker.

Si su resolución estuviera a la altura de sus ambiciones, este original drama moral sería una obra maestra. Pero, aun con sus altibajos es uno de los films más interesantes surgido de los grandes estudios en mucho tiempo, ya que muy pocas veces se intenta desarrollar a fondo un conflicto ético sin apelar a las fórmulas típicas del thriller o el melodrama. Por eso esta película no solo es interesante en tema, sino como cruce de géneros, algo que puede sonar tan bien como el primer melodrama con ritmo de thriller.

Para definir mejor las cosas, se podría hablar de «Un día de furia» por dos: Ben Affleck es un abogado rico de Nueva York que choca su auto contra el del pobre Samuel L. Jackson.

El hombre de Wall Street no puede llegar tarde a la corte porque tiene que presentar documentos para un caso de 100 millones. Jackson, un ex alcohólico empleado de seguros no puede llegar tarde a la corte porque debe lograr que su ex esposa no abandone la ciudad con sus hijos. El choque le da a todo esto una demora de 20 minutos fatales, y Affleck abandona el lugar del accidente sin intercambiar debidamente los datos con el otro damnificado. El resultado del momento de confusión y mala decisión ética es problemático para ambos. llack,

Se podría hablar también de unos Tom y Jerry adultos y contemporáneos si no fuera por el logrado clima dramático que logra el director Roger Michell en la primera media hora de proyección. La angustia que corroe a los dos personajes, no sólo ante sus propios problemas y conflictos sino ante la opción de descargar su ira en su enemigo accidental está apoyada con eficacia desde todos los ángulos técnicos de cada escena. Lamentablemente un actor de rango tan limitado como Ben Affleck -a pesar de que éste es uno de sus mejores trabajos-no puede sostener un papel tan complicado como el de ese abogado de Wall Street que tiene que detenerse a pensar si el caos y el azar no son una especie de señal para recapacitar si está o no en medio de una gigantesca defraudación.

Cuando los diálogos también se vuelven un poco sentenciosos y retóricos, actores como Jackson, Sidney Pollack o William Hurt los vuelven creíbles con el movimiento mínimo de una ceja. Affleck hace el ridículo y le resta puntos a un producto que también peca de armar un rompecabezas imposiblemente dark con demasiado orden y optimismo. Lo que de todas formas no debería evitar que el espectador inteligente vaya a verlo y luego haga un buen cine debate, como los de antes.

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