28 de octubre 2004 - 00:00

"Diario de una pasión": buen melodrama para llorar a gusto

Los excelentes Gena Rowlands y James Garner mantienen el interés del espectador aun en las partes menos logradas de este film que recupera bien el melodrama, un género casi perdido.
Los excelentes Gena Rowlands y James Garner mantienen el interés del espectador aun en las partes menos logradas de este film que recupera bien el melodrama, un género casi perdido.
«Diario de una Pasión» (The Notebook, EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: N. Cassavetes. Int.: R. Gosling, R. McAdams, J. Garner, G. Rowlands, J. Allen, J. Marsden, S. Shepard.

Si lo que se busca es un melodrama con todos los elementos del género, y muy pocas intenciones de aggiornar las situaciones, ni pasar por cine de arte ni nada por el estilo, entonces la recomendación es preparar los pañuelos y dirigirse al multiplex más cercano, porque estamos ante un buen exponente de un género casi perdido. A Nick Cassavetes hay que reconocerle el buen gusto y sentido común de no complicar las cosas más de la cuenta. Lástima que no las simplificó del todo, evitando sorpresas obvias y se guardaba para los bonus de la edición en DVD la casi media hora de diálogos innecesarios que estiran las cosas en vano, atentando seriamente contra las excelentes actuaciones del sector más veterano del elenco. Como estamos hablando de James Garner y Gena Rowlands, queda claro que pueden hacer soportables hasta los puntos menos presentables de la película. Hay dos historias paralelas: Garner es un señor mayor dedicado a leerle una historia romántica a Rowlands, interna de un sanatorio debido a un Alzheimer severo que ya no le permite recordar nada de nada. Este marco poco edificante nos lleva más de medio siglo atrás, con el relato del romance de verano entre dos adolescentes de mundos diferentes, en principio mucho más extensos y atractivos visual y dramáticamente que la historia que cuenta Garner.

Rachel McAdams
no sólo es toda una belleza sureña, sino que además es la hija de un millonario, mientras que su Romeo, Ryan Gosling, podría ganar cualquier casting para los «Beverly Ricos». Ellos se quieren de verdad, andan en bote y juran que si uno reencarna en pájaro el otro no será menos. Joan Allen es la madre mala que los separa justo en lo mejor del asunto, y luego censura las 365 cartas de amor que el chico manda proclamando que muere de amor.

En el medio de todo esto hay una mansión derruida, reconstruida como símbolo del verdadero amor, un padre que actúa bien (Sam Shepard) pero que en realidad no tiene mucho que hacer, una guerra mundial (con un bombardeo aéreo y todo), un affaire sórdido pero redimible, y una boda entre la chica estelar y un prometido equivocado (que anuncia la boda robándole el micrófono a un clon de ¡ Cab Calloway!).

Y por supuesto, están las constantes y cada vez menos medidas vueltas al presente con el narrador del romance y la paciente senil. No hace falta decir más, salvo que el romance es lindo de verdad, que las lágrimas están aseguradas, y que el epílogo se alarga casi peligrosamente, pero se resuelve con fidelidad al género. El tono meloso de algunas imágenes a veces se excede, algo entendible si se sabe que el director de fotografía Robert Fraisse es el mismo de clásicos del erotismo esteticista como «Historia de O» y «Emmanuelle».

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