Discreto relato sobre el amor en la madurez

Espectáculos

«Lugares comunes» (Argentina-España, 2002, habl. en español). Dir.: A. Aristarain. Guión: A. Aristarain, K. Saavedra, sobre novela de L. Aristarain. Int.: F. Luppi, M. Sampietro, C. Santamaría, A. Puig, P. Soriano, C. Rissi, V. Bassi, O. Santoro, M. Fiorentino.

T ras largo paréntesis, vuelve al cine el conocido realizador Adolfo Aristarain. Lo hace con un pequeño drama sentimental sobre una pareja madura que conserva el amor aunque se vaya viniendo discretamente abajo. También es discreto el tono mismo del relato, que, por alejarse del melodrama o la demagogia, arriesga con ello el alejamiento del propio espectador. Jugada peligrosa, para quien fue apreciado por la intensidad de «Un lugar en el mundo», y la polémica bronca de «Martín (h)».

Igualmente, algo de ambas películas queda en esta historia de un profesor que, jubilado de prepo, se ve obligado a vender el departamento de su mujer, y empezar una nueva vida en el campo. Ahí están el docente como aristocrático luchador solitario, la solidez de la pareja, la frustración final apenas señalada, la belleza de las sierras (ahora, las de Villa Dolores), y hasta la iluminista imposición de clásicos literarios a una pobre chica de campo, por un lado, y, por otro lado, el enojoso dialogo con España, con el hijo que descuida su talento, y con el propio país que va destruyendo a cualquiera, aunque en este caso, francamente, el propio personaje se autodestruye, con su mal carácter y sus pequeños vicios.

Queda también un poco del humor crítico de anteriores películas, y aparece, como tímidamente, algo nuevo: cierto humor tierno, y un callado elogio del amor maduro, en la segunda parte del relato. Dos cosas valiosas, aunque también se apreciaría un poco de emoción, e incluso de originalidad.

Jugada peligrosa

El desenlace es muy justo, pero bastante previsible, y encima tarda algo mas de la cuenta en llegar. Otra jugada peligrosa de Aristarain: probarse si es buen narrador, trabajando de modo elíptico alrededor de conocidos lugares comunes - temáticos y narrativos-, y encima ofrecer una de esas historias que recién días después de vistas comienzan a germinar (y eso, si el terreno es fértil y el espectador ha quedado bien dispuesto).

Del elenco, se lucen especialmente
Pepe Soriano, Osvaldo Santoro -ambos en muy corta aparición-, Carlos Santamaría, y Claudio Rissi, y sobresale, con sutiles miradas, la española Mercedes Sampietro, en el papel de la esposa compañera, que comprende las cosas sin que se las digan. Es curioso, también la actriz que hacía de esposa en «El coronel no tiene quien le escriba» era española, Marisa Paredes. Y acaso tienen más elementos en común ambas películas, aunque presenten clases y caracteres diferentes. Para terminar, y más allá de las objeciones correspondientes, en «Lugares...» se habla mucho menos, y se dicta mucha menos cátedra, que en «Martín (h)», y los efectos dramáticos que hay, son mas consistentes.

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