“Mi película no está en contra de la tecnología pero se pregunta cómo es usada, cómo las redes sociales pueden ser una gran distracción para una mente creativa”, dice el ilustrador y animador Nicolás Villarreal, nacido en La Plata pero radicado hace años en San Francisco, donde pasó por Disney y Pixar, hasta montar su productora y presentar su corto “On off”. El film ganó más de 300 premios internacionales en diversos festivales, entre ellos San Diego, y pasó por Anima Córdoba hace algunas semanas. Villarreal además da clases en la Universidad de Avellaneda, donde hizo su posgrado. Dialogamos con él.
Periodista: ¿Cómo fue su llegada a Disney como animador?
Nicolás Villarreal: Mi sueño era trabajar ahí y mis padres eran adelantados, me apoyaban en lo que quisiera hacer cuando eso no estaba de moda. Me habían regalado un libro de los tesoros de Disney que me pasé dibujando en la playa. Y entendí que eso era un trabajo así que armé una carta con el dibujo de un Bugs Bunny y la mandé a la Warner y a Disney. Tenía 15 años, no había internet, y me respondieron que gracias por mi interés pero no estaban buscando gente para trabajar. Quería llegar a Disney pero cuando crecemos en Argentina idealizamos el afuera y nos parece imposible. Pero sentía que dibujando podía llegar. Había que esperar. Estudié un año de arquitectura pero no era mi pasión, no podía sentarme a hacer un plano. Dibujaba personajes.
P.: ¿Cómo era el mundo de los estudios y cómo es hoy el de las plataformas?
N.V.: Las plataformas dan la oportunidad de gran contenido a público y artistas nuevos, con muchas ofertas de trabajo. Cuando me recibí mandé 200 cartas a todos, pensé que iba a tener trabajo porque era el segundo mejor promedio. Mandé a Cartoon Network, Warner, Blue Sky, Disney, y me llenaron de cartas de rechazo. Hasta que dos años más tarde me llamaron de Disney, me dijeron que me venían siguiendo, había llegado mi momento, sólo tenía que saber esperar.
P.: ¿De qué trata su corto?
N.V.: Aborda la relación entre talento, actitud y éxito. Admiro mucho a la gente que es trabajadora, que tiene dedicación y que es competitiva. Pienso en Frida, Da Vinci, Tesla, Beethoven, deportistas, artistas o científicos. La semilla del corto surgió de cómo estas personas en el pasado habrían sido atravesadas por la tecnología.
P.: ¿Cómo pasa de la ¨semilla¨ al corto?
N.V.: Una vez que tengo la idea veo si tiene las piernas para llegar, si realmente funciona. Armo un animatic que es un storyboard filmado, con una primera edición de dibujos que son bocetos casi indescifrables para otra persona, pero son claros para mi y lo miro con amigos que tienen ojo para la historia. Estudiamos si los personajes tienen un arco psicológico, evalúo qué diseños de tomas funcionan y si refuerzan el guion para el mensaje que quiero dar. Y hoy me pone contento que el público interprete lo que quise decir, creo que es lo más difícil. Siempre recuerdo que las películas, cuando uno las termina, no son más de uno y pasan a ser del público.
P.: ¿Qué es aquello que quiso transmitir y dice que el público recibe?
N.V.: El corto plantea que la tecnología y las redes tal vez pueden, sin que uno se de cuenta, hacer dejar de lado pasiones por cosas que no benefician. Esto surgió de observar gente en el subte, en reuniones y a mis alumnos. Todo esto es relativo porque tal vez un chico que está viendo un jueguito en clase estudia todo el día y son esos cinco minutos de distracción. O tal vez sea al revés y vea todo el día el celular y estudie poco. Quizá la chica que lee el libro en el subte sean esos cinco minutos y parezca que es muy lectora por estar haciéndolo en el subte cuando todo el mundo usa el celular.
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villarreal. A los 15 años ya se había propuesto trabajar con Disney.
P.: ¿Cuál es el ABC del corto para que funcione?
N.V.: Los buenos son los que dejan pensando, los que empiezan cuando terminan. Me gustaría que pase eso con los espectadores, que se pregunten a partir de esos visuales, si dejan de lado algo que aman sin darse cuenta, a causa de la tecnología, que no es en sí algo malo. La cuestión es cómo se usa.
P.: ¿Cómo surgió su interés por el cortometraje?
N.V.: Los cortos me fascinaron desde chico, hablo de los dibujitos que veíamos como Bugs Bunny o el Coyote y el Correcaminos. Me marcaron los “Cuentos asombrosos” de Spielberg, y antes a los 7 años recuerdo el día en que vi “ET”. Me emocioné y no sabía por qué. Fue la primera película que me generó algo emotivo. Era verano y nos pusieron la película. Cuando salí no entendía dónde estaba, me llevó a un viaje y quedé tildado. Con “Cuentos asombrosos” entendí que los cortos son minipelículas con la misma estructura que un largo, principio, nudo y desenlace. Y que lleva al personaje por un arco, y que sorprende cuando hace algo que uno no esperaba.
P.: Da clases en universidad, ¿que ve en los jóvenes alumnos?
N.V.: Hay cuatro clases de alumnos, los que no tienen facilidad y no se esfuerzan, esos no llegan. Los que tienen facilidad y no se esfuerzan, esos, a menos que tengan suerte, no trabajarán. Hay otro grupo que admiro, son los que tienen facilidad y se esfuerzan, son los tocados, ahí están Messi, Fangio, Favaloro, esos van delante de todos. Y el último es mi favorito, los que no tienen facilidad y se matan con esfuerzo y actitud. Este grupo queda apenas detrás de los genios y siempre conseguirán trabajo porque 95 % es actitud. Me quedo con una frase de “Ratatouille”: no todo el mundo puede ser un gran artista pero puede venir de cualquier lado. Soy argentino y lo más importante es la carpeta, eso es lo que habla.
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