“Dopesick”: con las buenas intenciones no alcanza

Espectáculos

Hay un motivo importante para ver “Dopesick” (serie que acaba de subir Star, la señal adulta de Disney+), y es que esta producción dirigida y producida por Barry Levinson (“Rain Man”, “Diner”) es la primera producción hollywoodense en décadas que se atreve a denunciar la superpoderosa industria farmacéutica: las muertes masivas de consumidores del “milagroso” OxyContin, que se vendió –y se sigue vendiendo-- como el opiáceo que hace desaparecer cualquier dolor sin provocar la menor adicción. Todo esto a través de una campaña agresiva y mendaz de la firma Purdue Pharma, de la multimillonaria familia Sackler, dedicada en hacer lo que sea para que un médico recete sus drogas ilegales y las ventas nunca dejen de aumentar, inventando términos inexistentes cada vez que aparece otro muerto.

Las recreaciones de estas prácticas para que todo médico de clase trabajadora sea convencido a como dé lugar para que sea un expendedor de OxyContin, y a pesar de la evidencia de adicción, doble y redoble las dosis, son un punto fuerte del guión, sumado a que es un tema que está sucediendo ahora mismo, con los Sackler, que se burlaron de todo el mundo no pagando las indemnizaciones con las que se había comprometido resarcir a las víctimas para no ir a juicio. Claramente, esto es material para una buena serie, sobre todo si está protagonizada por talentosos actores de cine como Michael Keaton y Rosario Dawson.

Desafortunadamente, los resultados son muy desparejos, sobre todo el tedio de casi la mitad del primer episodio, nada menos (y para peor en una sería sobre opiáceos). Aquí el problema es que la serie adapta un libro de no ficción de Beth Macy, autora que también participa de la producción de “Dopesick”, con escenas redundantes donde los personajes repiten cosas que ya sabemos porque no variaron mucho en capítulos previos. Hasta se podría pensar que es una lección para que los jóvenes no consuman opiáceos como caramelos. Hay personajes inmóviles hablando de forma monocorde, y está claro que no todos son brillantes como Keaton.

Levinson, buen narrador, podría haber convertido al libro Macy en una película de algo más de dos horas, pero 8 en formato miniserie es un exceso para contar una historia real que, más allá de lo seria que sea, no tiene muchos matices a lo largo de los años, y que hay médicos engañados, otros que se vuelven adicto como sus pacientes, toda gente buena del interior que la pasa mal y nunca hay un juicio de verdad ni castigo alguno, sólo confrontaciones de las víctimas con los Zackler, intensas pero melodramáticas. Michael Keaton es brillante cuando compone su retrato de médico pueblerino, en medio de las mineras lesbianas opiómanas, y no es para menos.

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