11 de febrero 2004 - 00:00

Dura autobiografía de un triste final Dura autobiografía de un triste final

Philip Roth «Patrimonio, una historia verdadera». (Bs.As., Seix Barral, 2003, 237 págs.)

" No hay que olvidar nada". Fiel a esta premisa, el novelista Philip Roth registró los últimos años de su padre en un conmovedor relato -no ficcionalque se inicia cuando este vigoroso anciano de 86 años empieza a decaer víctima de un tumor cerebral.

El autor del «El teatro de Sabbath» y «La mancha humana» expone sin tapujos toda la carga de dolor, humillación e impotencia que trae consigo una afección de este tipo, que además se superpone al degradante deterioro de la vejez. Pero el octogenario Herman Roth está empeñado en seguir viviendo y así se lo ve, luchando ante cada nuevo obstáculo físico o «regateando» con sus médicos para que le aseguren unos años más de vida.

Frente a la negritud del tema y al contenido cien por ciento autobiográfico del material, el novelista despliega sus avezadas artes de narrador, logrando que el lector -siempre que esté dispuesto a conectarse con temas tan dolorosos-disfrute de las andanzas de este ex gerente de una compañía de seguros y siga paso a paso sus vicisitudes como si se tratase de un personaje heroico o de una criatura picaresca, según la ocasión. La novela incluye anécdotas muy pintorescas (muchas de ellas celebran la tradición judía) y retrata con gran sensibilidad y humor las internas familiares, los conflictos entre padre e hijo y las propias peripecias de Roth, siempre a a la pesca de material literario en medio de sus muchos trámites y visitas al hospital. Una de las escenas más «novelescas» que vive el autor transcurre justamente en un taxi conducido por un hombre rencoroso y violento que confunde al escritor con un psiquiatra. Lo más curioso de todo es que Roth termina «psicoanalizando» al irascible taxista. «Patrimonio» es una novela dura en contenidos, pero sin duda catártica para aquellos que todavía necesiten elaborar la muerte de sus padres o su inminente decrepitud. Apelando a su seductora prosa, el autor vuelve siempre a la misma cuestión: «¿Por qué tenemos que morir?». Pero para eso no hay respuesta. Como el mismo lo dice: «esta es una pregunta como para sacar de quicio a cualquiera.»

Patricia Espinosa

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