4 de abril 2005 - 00:00

Eclosión de arte supera a la del '60

La exposición de Liliana Porter en Ruth Benzacar, sólo una de las innumerables ofertas queconfirman el fenómeno de la expansión del arte que vive actualmente la Argentina.
La exposición de Liliana Porter en Ruth Benzacar, sólo una de las innumerables ofertas que confirman el fenómeno de la expansión del arte que vive actualmente la Argentina.
El fenómeno de expansión del arte que vive nuestro país, se percibe en el ritmo acelerado de actividades que en estos días se suceden sin pausa y, sobre todo, en la calidad de las presentaciones. El lunes pasado, en la ciudad de Rosario se inauguró «La semana del arte», movida que con múltiples exposiciones, intervenciones urbanas y un simposio internacional en el Parque España dedicado al arte contemporáneo, se acerca al formato bienal y convocó a críticos argentinos e internacionales como el brillante Justo Pastor Mellado. El miércoles, sin tiempo para un respiro, se inició en Buenos Aires una seguidilla de vernissages con «Ellos y algunos otros», impecable muestra de Liliana Porter en la galería Ruth Benzacar, que celebra su 40 aniversario con una exhibición que marca un cambio en la obra de la artista, hoy más aplicada a observar el mundo que a regodearse con su mágico universo.

A pocos pasos de allí, el Centro Cultural de España abrió la exposición «Arte abstracto (hoy) = Fragilidad + Resilencia», curada por Mario Gradowczyk, y apoyada en un pulido trabajo de investigación de Rafael Cippolini, con obras excelentes de Sergio Avello, Bertone, Fabián Burgos, Natalia Cacchiarelli, Corujeira, Marina de Caro, Tulio de Sagástizábal, Beto de Volder, Lucio Dorr, Nicolás Guagnini, Jorge Gumier Maier, Marcelo Gutman, Gachi Harper, Fabio Kacero, Silvana Lacarra, Benito Laren, Emiliano López, Fabián Marcaccio, Julia Masvernat, Marcelo Pombo, Alfredo Prior, Pablo Siquier y Mariano Vilela.

El jueves, la brasileña Leda Catunda, importante artista del escenario paulista, desplegó toda su sensualidad en la galería Alberto Sendrós, y decidió compartir una sala con Marina de Caro, para que las obras dialoguen. Esa misma noche, el artista Santiago García Sáenz, en una fiesta memorable y emotiva, presentó su libro «Angel de la Guarda», acompañado por una bellísima exposición en el Museo Fernández Blanco.

Entretanto, el esplendor de los días que corren ha suscitado interés en el circuito internacional. El miércoles llegará un contingente de poderosos coleccionistas (mayormente del Museo de Arte Moderno de Nueva York) y curadores exdadtranjeros, como Alma Ruiz, del Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles, y Ramiro Martínez Estrada del Museo Tamayo, entre otros, que la empresa Art Quest Internacional suele llevar de gira por el mundo.

• Celebración

Las jornadas continúan el jueves en la galería Dabbah Torrejón, que celebra su primer quinquenio con una fiesta y una exposición curada por Victoria Noorthoorn, que reúne a todos sus artistas, los talentosos Daniel Joglar, Magdalena Jitrik, Alejandra Seeber, Lucio Dorr, Sergio Avello, Manuel Esnoz, Fabián Burgos, Silvana Lacarra, Mariano Vilela, Dino Bruzzone, Mariana López y Marcela Astorga.

A pesar de que no existe en Buenos Aires un centro de excelencia dedicado al arte contemporáneo, si se sumaran a las exhibiciones mencionadas algunas colecciones privadas y los espacios de Braga Menéndez, Zavaleta Lab, Sonoril-Amarilla y Belleza y Felicidad, los viajeros podrían percibir algo de la diversidad del arte contemporáneo argentino. Un arte que denota una sensibilidad extrema, y que en gran medida se aleja de los estereotipos que hoy circulan en el Norte. Pues, más que nada, según afirmó la curadora
Alma Ruiz a este diario, lo que interesa, es conocer no sólo la producción actual, sino además, el excitante contexto que la rodea, condición imprescindible para que comprender su complejidad.

Es preciso tener en cuenta que esta eclosión artística que despertó en plena crisis, supera la alcanzada por el arte argentino en la década del '60, pero carece de la legitimidad que brindan las instituciones y el estimulante marco que ofrecían en aquellos años el Instituto Di Tella y el mercado. Los artistas más valiosos de este nuevo escenario -aquellos que no emigraron-, dependen cada vez menos de las instituciones oficiales que los ignoran, y se afirman cada vez más en su capacidad de autogestión y el apoyo privado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar