En los últimos meses se editaron importantes libros sobre artistas argentinos, lo que contribuye a su difusión tanto en nuestro medio como en el exterior ya que la mayoría son ediciones bilingües y constituyen una verdadera carta de presentación. En general se destacan por el cuidado editorial, profusa reproducción de obras, testimonios y pensamientos de los artistas y el estudio crítico por destacados especialistas. Entre ellos, «Nicolás Menza. Reivindicación de la Pintura» por Fermín Fevre (Asunto impreso 210 páginas).
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Muy apropiado el título del libro en el que Fevre analiza la obra del artista pero en un contexto más amplio: analizar también la situación del arte en el panorama mundial desde las propuestas vanguardistas de principios del siglo XX hasta esta «era del vacío» y de lo «políticamente correcto». Libro motivador, polémico, que intenta reclamar, recuperar, el significado de la pintura de las garras del pensamiento hegemónico o la manipulación de las tendencias artísticas, el marketing, la influencia de los medios masivos de comunicación que ha sustituido el conocimiento por la información.
El autor se refiere a la exacerbada racionalización y teorización por las que «el arte se diluye en la palabra» y al vacío en la creación estética contemporánea. Salvo el escándalo, hay muy pocas obras que puedan provocar algún grado de percepción emocional intenso. «Le mot d ordre» es la entronización de lo escatológico, lo que provoca curiosidad y la consecuente concurrencia masiva, el correspondiente negocio que, a su vez, le quita el aura escandalizador. Sin embargo, el autor destaca que a pesar de ser considerados retrógados, hay muchos artistas que reaccionan y tratan de sustraerse a los dictados empobrecedores del arte y se pregunta si ya no interesa hallar en el arte la expresión humana de un ser creador en el cual nosotros podamos reflejarnos. Fevre se compromete desde el principio porque también está hablando sobre un pintor comprometido con el hacer, con lo que cree, con la verdad, con una lucha por lo que ama en el silencio del taller, lugar de revelaciones que plasmará en la tela. La obra de Menza abarca diversos temas: la mujer, naturalezas muertas, el mundo grotesco con niños de mirada adulta, fondos laberínticos borgeanos, tango, cafetines, en una atmósfera teatral. Obra sensible, de gran comunicación de un artista que, como lo señala el autor, «ha logrado elaborar una poética personal».
Tapas rosadas y verdadero aroma a chicle. Así es «Golosinas Argentinas» (Ediciones Lariviere), un pequeño y delicioso libro, «para comérselo», de Erica Rubinstein (1970).
Licenciada en Arte de la Universidad de Buenos Aires, ha trabajado en producción, coordinación editorial, ambientación para proyectos sobre arquitectura, diseño, artes visuales, teatro y televisión. En el texto introductorio «Todos somos golosos», la autora relata la aventura de encontrar al coleccionista de prototipos de los muñequitos Jack, o de la latita de Corazoncitos Dorin, escuchar las historias de un coleccionista que conoció al personaje Chuenga (deformación de chewing gum) y detectar que existen 79.000 kioskos en la República Argentina.
En fin, también una recuperación pero de la nostalgia, un recorrido antropológico, a veces, culposo, de pararse en el irresistible kiosko antes de pasarse la tarde en el cine o a la salida de la escuela. Y kiosko con K, como se lo encontrará escrito en el inefable texto de Carlos Ulanovsky que se resiste a utilizar quiosco como ya figura en los nuevos diccionarios hispanos.
Varios artistas han contribuido con sus imágenes: Fabiana Barreda, «Arquitectura en azúcar», chicles sobre madera del Grupo Mondongo, el espontáneo dibujo de Rafael Viñoly, la lámpara de Sebastián Gordín con el Afajor Jorgito, los objetos en goma de mascar de Juan Mathé.
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