23 de agosto 2005 - 00:00
EE.UU.: presentaron joyas de cine recién restauradas
-
"La Mujer del Río", un retrato tan silencioso como aturdidor sobre la violencia de género
-
La nueva novela turca de HBO Max que se convirtió en un fenómeno mundial y te romperá el corazón
John Ford:
en el
simposio de
Los Angeles
se exhibió
uno de sus
primeros
westerns,
«Bucking
Broadway»
(1917), que
se consideró
perdido
durante
varias
décadas.
La crisis es global: de las 500 películas producidas en Hong Kong antes de 1947, sólo se salvaron cuatro. En Italia, 90% del cine mudo y 50% del cine sonoro ha desaparecido. En Japón, país con una tradición cinematográfica con varias obras maestras, los datos son mucho más decepcionantes; se calcula que 90% de la producción previa al fin de la Segunda Guerra Mundial ha desaparecido, y para siempre: los japoneses usaban el celuloide viejo en la aleación de materiales de guerra.
El diario «Los Angeles Times», en su artículo, aludió también al debate que existe en torno a la restauración. Hay dos posiciones con respecto a ella: están quienes la aplauden, y también quienes la comparan con la de las artes plásticas, y sostienen que el resultado final es artificioso y falso (como aquellos que condenan los colores actuales en el techo de la Capilla Sixtina, por ejemplo).
Dicen estos detractores que ver un film mudo con imperfecciones, saltos y manchas, establece un contacto mucho más real con él, y que en cambio la restauración digital elimina la perspectiva histórica.
Estos últimos prefirieron la proyección de «Naná», de Jean Renoir (1926), una fábula de aristócratas y prostitutas basada en la novela de Emile Zola. Presentada por la Cineteca di Bologna, «Naná» se exhibió con intertítulos nuevos aunque no fue digitalmente «modernizada». De esa forma, las imperfecciones que sobreviven en la copia fueron recibidas con placer por muchos espectadores, quienes sintieron que contribuían a reforzar el decadentismo implícito a esa vida parisiense de altos y bajos fondos que retrata la película.
Los detractores de la restauración «lifting» suelen emplear otro argumento: sostienen que el indebido rejuvenecimiento de estas películas tiene un fin exclusivamente comercial y no artístico, y que está destinado al mercado hogareño antes que a la historia del cine.
Esta queja no se remonta sólo a estas joyas perdidas de la etapa muda, sino que suele escucharse -con razón- en los casos de películas populares de los años 60 y 70 («Tiburón» de Steven Spielberg, por ejemplo), a la que se le añaden sonidos digitales y colores que eran inexistentes en su original. En los casos en los que sus creadores viven, son ellos mismos quienes autorizan o no estas modificaciones. A propósito de Spielberg, no sólo no tiene ningún problema en modernizar un título suyo del pasado, sino que ha llegado a modificarlos. Se recuerda el caso de «E.T.», donde suprimió las armas que llevaban los policías en una de las escenas finales, y las cambió por walkie-talkies.
Si a los detractores del «lifting» cinematográfico les cae muy mal esta conducta, se indignan mucho más cuando su director ha muerto y ya no puede controlar el producto final. Para ellos, una restauración distorsionadora de las condiciones técnicasoriginales es casi equivalente a la vieja práctica de colorización de clásicos en blanco y negro.
La proyección de «Espías» (1928), de Fritz Lang [que se verá en Buenos Aires en la inminente retrospectiva que ofrecerá la sala Leopoldo Lugones del San Martín] fue otro de los grandes momentos del simposio. La copia exhibida lobra restaurar las superficies metálicas, las límpidas imagines simétricas ideadas por el director de «Metrópolis» en esta sorprendente película, que se anticipó a lo que serían en el futuro esas series de aventuras que, en años más cercanos, también homenajeó el citado Spielberg en su trilogía de Indiana Jones.


Dejá tu comentario