10 de enero 2002 - 00:00

"EL AMOR PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD"

«El amor perjudica seriamente la salud» (España, 1996, habl. en español.) Dir.: M. Gómez Pereira. Guión: J. Cristell, J. L. Iborra, Y. García Serrano, M. Gómez Pereira. Int.: A. Belén, P. Cruz, J. Puigcorbé, G. Diego, L. Conejero.

De Manuel Gómez Pereira se han visto acá sus comedias «¿Por qué lo llaman amor, cuando quieren decir sexo?», «Todos los hombres sois iguales» (ambas, bastante seguido, por cable), y «Entre las piernas», de fugaz paso por salas. Quien recuerde estas películas, sabrá entonces que lo suyo son los enredos amorosos, de narración bastante liviana y digestiva, pero siempre bien presentada, con elencos atractivos. Es decir, un especialista en productos para pasar el rato.

En este caso, cubre la historia de dos amantes, interpretados por Penélope Cruz y Gabino Diego cuando jóvenes, y por Ana Belén y Juanjo Puigcorbé cuando adultos.

El es un buen tipo, que pasa de botones de hotel a suboficial aeronáutico, y termina como seguridad del rey de España, y buen marido, padre de dos gemelos.

Ella, en cambio, agota tres maridos, tiene dos gemelas, y siempre será una bienuda malcriada y mandona, tipo comedia americana de los '30, y encima Penélope Cruz y Gabino Diego, parte del atractivo elenco de otra comedia de enredos amorosos de Manuel Gómez Pereira, especialista en productos para pasar el rato. cholula y arribista, tipo comedia inglesa o española de los '60.

«¿He dicho algo monstruoso? ¿Debo sentirme mala y mezquina?»,
dice hacia el final, toda ofendida, tras poner en evidencia sus nuevas y más altas manipulaciones.

Su enamorado la desea, la soporta, la aborrece y la vuelve a desear, se deja manejar, y aunque rencoroso la sigue perdonando y se sigue dejando manejar.

Lucimiento

Es que ella es tan fina, bonita, inteligente... Hasta la esposa legítima del hombre la admira, y la sigue, desde las revistas «del corazón», mientras ella se pega al jet-set, lo cual permite a la producción lucirse con evocaciones de los Beatles en España, Jacqueline Onassis, el nacimiento del príncipe, doña Pilar Franco, Raphael todavía niño, y con abundantes vestuarios de Giorgio Armani, que Penélope Cruz y Ana Belén lucen muy gustosas (lo mismo Aitana Sánchez-Gijón, que hace un cameo como modelo).

Como se ve, un producto bien vestido. El problema es que, quizá porque lo escriben cuatro guionistas, más que una película nos parece ver tres. Una termina en la nostalgia tras la muerte de
John Lennon, otra establece una etapa superior del incansable dominio femenino, y, entre medio, una cena aniversario muestra quién gana, finalmente, en la eterna lucha de esposa vs amante. Cualquiera sea el final que se elija, se pasa el rato.
 
Pero sobran los otros dos, también sobran varios minutos, y faltan chistes.

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