26 de diciembre 2005 - 00:00

El arte joven vuelve a creer en la belleza

Una de las misteriosas obras de Mario Legón, quien junto con otros 9 jóvenes artistas expone en «Bárbaros», muestra que explora el apego a la belleza de las formas.
Una de las misteriosas obras de Mario Legón, quien junto con otros 9 jóvenes artistas expone en «Bárbaros», muestra que explora el apego a la belleza de las formas.
Desde la semana pasada y durante todo el verano, el Fondo de las Artes presenta en las salas de exhibición de la calle Alsina, una breve pero significativa muestra de un grupo de artistas jóvenes que inició su carrera en este siglo. Integrada por Pablo Cabrera, Vicente Grondona, María Guerrieri, Karin Idelson, Santiago Iturralde, Martín Legón, Emiliano López, Yanina Szalkowicz, Tec y Noelia Yagmourian y curada por Rafael Cippolini, la exposición explora el apego a las formas, a la belleza de las formas en realidad, rasgo que caracterizó a una vertiente artística de la década del 90 y que con sutiles alteraciones reaparece en este grupo.

La muestra se llama «¡ Bárbaros!», y el término está usado por el curador para destacar el uso de barbarismos, de un lenguaje que no es el apropiado y que tiene «un halo de misterio en lo que posee de ilegible, o mejor: de intraducible, de inasimilable».

• Paradigma

El artista más representativo de esta tendencia es Legón, un auténtico contador de cuentos que atrapa con sus relatos de suspenso. En sus pequeñas y sutiles acuarelas reitera la silueta de una niña que se adivina inocente y vulnerable, mientras transita escenarios donde la acecha lo siniestro, es decir, lo inanimado que podría cobrar vida, o algunos elementos familiares y cotidianos con connotaciones perturbadoras. Esta condición intrigante, se reitera en la imagen de dos lobos y dos niños como si cada personaje tuviera su doble, y contamina con su misterio el resto de la muestra.

La naturaleza está visiblemente alterada en «Las tinieblas del romance» de Grondona, que genera un efecto cinético en el paisaje y rompe así con la condición estática de la pintura. En un primer momento se vislumbra un bosque abigarrado, pero al observar con atención la espesura, la vegetación pareciera palpitar o moverse.

La misma alteración comparten las esculturas de unos animales realizados por Guerrieri. En este caso, las formas esfumadas y bellas, apenas si permiten descubrir un pato color verde y un mono -o acaso un oso- color rosa. La artista crea un habitat para esta ambigua fauna, y dibuja en las paredes unos inmensos helechos de fantasía con pinceladas rotundas.

Sobre una pantalla que proyecta la foto animada de unos perros,
Szalkowicz planta unas ornamentales flores color rosa que parecen escapadas de las antiguas latas de galletitas inglesas. Esta cualidad atemporal comparten las desgastadas pinturas de Cabrera-, pues traen evocaciones de un remoto pasado. Iturralde pinta de modo textual imágenes que toma de las series de televisión, e incluye hasta los diálogos.

«El cuadro no es una excusa para mostrar una serie de pantallas; si esa fuera la intención tomaría fotografías, impresiones digitales o directamente video»,
aclara el artista. «Creo en el cuadro como objeto amado, único y revelador, un rectángulo que nunca se cansa y ofrece una vivencia más que una imagen emblemática. Mis emociones, son emociones al óleo, una materia tímida pero sincera».

Las fotografías de TEC son documentos de sus intervenciones urbanas. El artista pinta un pez de formas onduladas que parece desplazarse por las calles de Berlín, San Pablo, Córdoba, y Buenos Aires, entre otras ciudades que el artista altera con su arte.

• Del cine

En el subsuelo está la obra de López, un mural rigurosamente geométrico que a pesar de su pureza abstracta está inspirado en películas y novelas de ciencia ficción. Yagmourian presenta una « escultura de tela tensada» con cintas verdes, y por último, Idelson, un video donde un personaje relata sus confesiones porno y las memorias galácticas de un Ciber.

En el catálogo,
Cippolini destaca que en la antigüedad «se adjetivaba a los bárbaros con todas aquellas palabras que redundaran en ajenidad, ininteligibilidad, amenaza y distancia»; pero aclara que hoy, «llamamos de este modo a los propiciadores de otro cultivo del mundo, aquellos que avanzan, ahorrándose toda estridencia, hacia una disponibilidad diferente de su ámbito». En suma, el mayor pecado de los «bárbaros» de Cippolini pareciera ser su afán estetizante. Con los diferentes lenguajes que caracterizan la producción actual, estos diez artistas escasamente conocidos ofrecen un buen panorama de la última generación.

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