8 de octubre 2003 - 00:00

El boom colombiano busca despedir a García Márquez

El boom colombiano busca despedir a García Márquez
La nueva literatura colombiana se ha transformado en un boom. Ha sido elogiada en «The New York Times» y por críticos de Europa. Se la considera, junto a la mexicana y la cubana del exilio, la más interesante que se produce en Iberoamérica. Sus autores, que ya son legión, han dado, según la ensayista Luz Mary Giraldo, «un largo adiós a García Márquez», y sus obras, ausentes de todo realismo mágico, retratan la complejidad urbana con notable variedad de enfoques. Cuatro de sus exponentes: Santiago Gamboa («Los impostores»), Mario Mendoza («Satanás»), Enrique Serrano («Tamerlán») y Efraím Medina Reyes («Técnicas de masturbación entre Batman y Robin») visitan Buenos Aires y hoy se presentarán a las 20 en el Malba. Dialogamos con ellos.

Periodista
: A García Márquez, ¿lo aman, lo odian o les resulta indiferente?

Santiago Gamboa: Lo amé mucho, sus libros me hicieron amar la literatura. Hoy tengo con su obra una relación como con la de Balzac, es un clásico. Alguien que creó un universo lejano al mío, pero que me ayudó a encontrar un lugar.


Enrique Serrano: Lo admiropero en la distancia, como alguien que busca la diferencia, que si algo ya existe busca alejarse.


Mario Mendoza: Lo admiro y lo respeto pero mi imaginario, el del caos de las metrópolis, el del vértigo, el de la desmesura urbana, nada tiene que ver con su obra.


Efraím Medina: Tengo con él la misma relación que con mi amante: lo amo, lo odio y me es absolutamente indiferente.


P.:
¿Por qué se produce un boom literario en Colombia? S.G.: Las sociedades en crisis necesitan versiones diferentes, nuevas, originales de sí misma, por eso producen muchos escritores. Uno o dos lograrán grandes obras.

E.S.: Nuestra sociedad se formó en el conflicto y eso la hace consciente de sí misma. Eso se expresa, entre otras cosas, en una literatura variada, que ofrece distintos puntos de vista.


M.M.: En las crisis individuales, lo mismo que en las grupales, la opción es hundirse en ellas o capitalizarlas. Entre nosotros la crisis política, social, económica se viene capitalizando en el terreno creativo, en las letras, el cine, la pintura. Las fuerzas de vida se han venido imponiendo sobre las de muerte. Eso no deja de ser para nosotros esperanzador.

E.M.: Escribir es una respuesta, es enfrentar la situación con las armas que se tienen. Colombia lo necesita en este momento.

• Insultos y complicidades

P.: ¿Se ven como una generación?

S.G.: No somos un grupo que se unió para establecer directivas creativas y empezar a trabajar. Cada uno de nosotros es como una isla, más que una generación somos un archipiélago. Cada uno tiene elementos propios, pero estamos en las mismas aguas.


E.S.: Surgimos sin necesidad de camarillas literarias, por eso la pluralidad, la ausencia de una doctrina o un manifiesto.


M.M.: Se habla del boom de la nueva literatura colombiana,pero no hay nada que hayamos firmado en común. Somos un archipiélago con muy buen comercio entre las islas.


E.M.: Inevitablemente seremos una generación. Conocer a esta gente me ha hecho daño, antes podía hablar mal de ellos y ahora me toca quererlos. Ser una generación es un problema (risas).


S.G.:Antes nos unían los insultos de Efraím, hemos perdido un elemento de identidad (risas).


P.:
¿Qué los une?

S.G.: La diversidad de miradas que enriquecen la comprensión de nuestra sociedad. Serrano al alejarse en tiempo y hablar de Tamerlán ofrece reflexiones muy actuales sobre nuestro país, Mendoza una visión negra de la ciudad, y Medina lo hace desde una perspectiva humorística, erótica, penetrante y lúcida.


E.S.: En toda escritura hay un ejercicio de desvergüenza, de desnudarse y descubrirse, nuestras obras lo reflejan. Tenemos una identidad colombiana nueva, distinta de la caribeña de García Márquez. El boom radica en que se puede leer en todas direcciones, que habrá siempre nuevos escritores y sorpresas, eso da a nuestra literatura vitalidad, fuerza y atractivo.


M.M.: Nos une el respeto entre nosotros, siendo tan diversos. Gamboa instala su novela en China, en la de Medina está Jim Morrison, el rock y el sexo. Ninguno de nosotros ha pecado del egocentrismo de promulgar un modo único de hacer literatura.


E.M.: A diferencia de la generación anterior somos gente buena. No nos juntamos a hablar de literatura ni entramos a los codazos para editar, porque cada uno ya venía con su obra.


P.:
¿A qué se debe la repercusión internacional de la nueva literatura colombiana?

S.G.: A buenos autores y buenos libros. Si hay una generación es porque las individualidades se conectan y suman, como ocurre con los mexicanos de «El Crack».


E.S.: Al aumento de la visibilidad de Colombia.


M.M.: Colombia está en el ojo del huracán desde hace mucho: narcotráfico, mafias, prostitución, sicarios; pero no hubo noticias, con posterioridad a García Márquez, a nivel estético. El mundo esperaba una reflexión estética sobre ese universo que ya no era Macondo, que ya no era el mundo caribeño tan bien elaborado por García Márquez y tarde o temprano ese mundo tenía que llegar a los libros, al cine, a la pintura.


E.M.: Nuestro esfuerzo de calidad narrativa es para compensar al mundo por esa babosa de Shakira o el zonzo de Juanes.


Entrevista de Máximo Soto

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