5 de junio 2002 - 00:00

El buen teatro desafía la crisis

Mar del Plata - Con buen balance cerró el domingo la XVII Fiesta Nacional del Teatro en la que este año participaron 35 elencos de todos los puntos del país, y también hubo lugar para los «pioneros» que acercaron sus experiencias a los más jóvenes.

En diálogo con este diario, José María Paolantonio, director ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro, definió este encuentro que todos los años se realiza en una ciudad diferente, como «una fiesta que tiene dos grandes objetivos: el primero concierne a la política cultural, ya que permite a los grupos relacionarse con sus pares de otros puntos del país, confrontando los diversos modos de encarar distintos estilos y tendencias. El segundo es rendir públicamente cuenta de lo que se está haciendo con el dinero y el modo en que se manejan los fondos». Paolantonio reflexionó también sobre «la necesidad de repensar el Instituto, sobre el modo en que está organizado, sobre su función federalista y sobre el criterio a seguir». En ese sentido, defendió también la necesidad de «no quedarse en un criterio cuantitativo, sino también cuidar la calidad de los espectáculos que se presentan en el festival».

Al respecto, hay que reconocer que ésta fue una de las mejores ediciones que se recuerdan, sea porque esta vez hubo una selección más rigurosa o porque estos tiempos de crisis desafían la imaginación de los jóvenes teatristas y los lleva a trabajar con mayor seriedad.

En concordancia, el público marplatense acompañó llenando todas las funciones e incluso participando (fue el caso de la modesta y entrañable puesta de «Los Mirasoles» de Julio Sánchez Gardel que brindó el grupo catamarqueño «Martín Pescador», compartiendo con los espectadores empanadas y vino).

La mayoría de los espectáculos pusieron en evidencia el entusiasmo, la diversidad de las búsquedas, el amplio panorama de preferencias que van desde lo tradicional a las nuevas tendencias. Sin ánimo de realizar una enumeración exhaustiva, entre los espectáculos que se ofrecieron, destacamos «La Mandrágora», a cargo del «Equipo de Teatro Mentitas» de Mendoza, cuyos integrantes exhibieron un sólido dominio técnico en las interpretaciones, además de una cuidadosa estética, sobre todo en el vestuario, el uso de las luces y la excelente banda sonora.

El grupo «Claroscuro» de Neuquén exhibió también el rigor del oficio y la frescura de las interpretaciones, así como la pieza «La masa neutra» que representó con excelencia a la Ciudad de Buenos Aires.

Las actividades especiales programadas contaron con la asistencia fervorosa de los distintos elencos.

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