"El capitalismo está más cercano a la naturaleza humana"

Espectáculos

Mar del Plata (Enviado especial) - Con la elegante comedia «Conociendo a Julia», sobre texto de Somerset Maugham interpretado por Annette Benning como una seductora actriz de teatro, está en Mar del Plata el veterano realizador húngaro István Szabó. La película levantó los mayores elogios. El director los agradeció pero, al cabo de una concurrida conferencia de prensa relativizó el éxito inmediato.

«La verdadera prueba de una película surge un año después, cuando uno siente la respuesta del público a lo largo del tiempo. Aunque me aplaudan, yo soy mi público más severo.Y solo estoy del todo conforme con dos de mis obras».
El diálogo con él fue una vez terminada la conferencia, cuando el hombre ya estaba con la guardia decididamente baja.

Periodista
: Hace un momento usted dijo que solo apreciaba dos de sus películas. ¿Cuáles son?

István Szabó: Quizá después agregue a «Judigolia», porque creo que es una pieza lograda, y hasta ahora me gusta mucho. Sólo debo esperar el paso del tiempo. Pero hasta que vea si la incorporo, las que más o menos acepto son «Mi padre» (una de mis primeras películas), y, quizá, «Coronel Redl». Les encuentro algunos errores pero son las que han pasado mejor la prueba del tiempo.A cada una de las otras me gustaría cambiarle unas cuantas cosas. Si quiere crecer, uno no tiene más remedio que corregirse. Ahora, qué cosas me gustaría cambiarles, eso no voy a decirlo, y menos en una conferencia de prensa
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P.:
¿Y entre nosotros?

I. S.: Tampoco. La que menos me satisface es «Hanussen». No importa lo que los demás hayan visto, yo siento que no es lo que yo quería. En dicho caso, si la gente lo acepta, eso para mí es un desastre, porque significa que la gente no advierte que hay algo fallido. Por eso que siempre conviene esperar, antes de dar un juicio medianamente definitivo.


P.:
Pero a lo largo de un año, mucha gente ya no es la misma.

I.S.: Ningún año es tan largo como para causar cambios tan grandes en la apreciación de una obra que quiere ser importante.Y si el valor de la obra cambia de un año para otro, entonces no es un valor verdadero.


P.:
Esas son sus favoritas. ¿Y las del público?

I.S.: Depende cada país. En Argentina fue «Mephisto», sobre un artista obligado a trabajar para los nazis. En Gran Bretaña, «Coronel Redl», sobre un oficial del imperio austrohúngaro en decadencia, quizá porque los ingleses saben muy bien lo que significa ser ciudadanos de un imperio, ser fieles a algo que ya no existe. Incluso le dieron el premio de la academia británica de cine. En Alemania, « Encuentro con Venus», que gira alrededor de una puesta de la ópera «Tannhäuser», quizá porque perciben ciertas complejidades en relación a Wagner. En Japón, «Confidencias», ignoro por qué causas.


P.:
Antes de esas, usted brilló en los '60 y '70 con películas que renovaban el lenguaje del cine, como «Ilusión de amor», que acá suele verse por cable.

I.S.: En esa época mucha gente brilló del mismo modo. Había mucha frescura, grandes desafíos, y abundaban las películas muy buenas.


P.:
Pese a la censura del régimen comunista.

I.S.: Lo de la censura es una leyenda, al menos en la Hungría de esos años. Antes, hasta 1963, había sido muy fuerte. Pero después fue bastante liberal, salvo cuando estalló lo de Praga y los tanques rusos invadieron Checoslovaquia, o más tarde cuando fueron las manifestaciones de Solidaridad en Lodz, Polonia.


P.:
¿Acaso pudo existir un «socialismo de rostro humano», como se decía entonces?

I.S.: El problema es que esa idea, que la gentesea dueña de su propia vida, que la igualdad de oportunidades alcance a todos, que haya un puñado de arroz para los hijos de todo el mundo, esa idea no se concretó, nunca existió en los hechos, y nunca existirá. Los autodenominados países socialistas estaban basados en sistemas feudales. Rusia siguió el sistema de los zares, y ni siquiera procuró realmente mejorar el nivel de vida de su población, aunque se llamara socialista. En consecuencia los valores humanos nunca se modificaron realmente. Quizá la lucha dentro de todo esto tenga que ver con la naturaleza humana. Y es probable que el sistema capitalista esté realmente más cerca de la naturaleza humana. Pero no soy un filósofo. No puedo darle una respuesta profunda. Siempre me pregunto cuál es el verdadero valor de las relaciones humanas. No se puede elevar el sentido de la humanidad y al mismo tiempo destruir al ser humano. No se puede imponer a todos una única forma de ver las cosas. El siglo XX, al que he vivido bastante, quizá fue el peor siglo que hubo en la historia de la humanidad. Ambas propuestas, nacionalista e internacionalista, fueron imposiciones forzadas, que por ello mismo causaron millones de víctimas. Y ahora pasa lo mismo.


P.:
¿Será que hoy está pesimista?

I.S.: No. Es que soy realista. ¿Y sabe cuál es el mayor problema? Yo veo que en el fondo una gente quiere dominar a otra, y ésta acepta ser dominada para no ser responsable de su propia vida, ni de su propia tierra. De ese modo también es más fácil echarle a otro las culpas. Y se continúa una situación de dependencia paterna, donde hay una persona dominantea quien pedirle, a quien dejarle que tome las decisiones, a quien amar y odiar, alternativamente o al mismo tiempo. El deseo de ser dominado permanece en un reino, una dictadura, o una democracia, da lo mismo.


P.:
Ese es el tema de «Coronel Redl» y muchas otras de sus películas. Pero justamente la cosa cambia en «Mi padre».

I.S.: Claro, en «Mi padre» es donde mejor expongo las contradicciones del amor filial, la admiración por los mayores, la necesidad de emularlos, y, luego, de liberarse de ellos y convertirse uno también en padre. La hice a los 26 años. Y en una sala de 5000 espectadores del Festival de Moscú, pude sentir las mismas tensiones y las mismas emociones que, meses después, percibí en el público de un festival de Nueva York. Pero también el actor de « Mephisto» debe liberarse de sus ilusiones respecto a quienes lo mandan. El coronel Redl, de su ceguera de creerse hijo privilegiado. En « Conociendo a Julia», la actriz debe liberarse de sus propias máscaras, que usa para halagar o seducir al público y a todo aquel que se le acerque, pero con las que ella también se engaña. En la vida todos usamos máscaras, pero, esencialmente, mis personajes terminan mostrando su verdadero rostro. A veces lo aceptan, a veces no.


P.:
Usted siempre parece mostrar su rostro verdadero.

I.S.: Soy simplemente un director de cine.


Entrevista de Paraná Sendrós

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