«Argentina, tierra mía». Chango Nieto (canto, dir. gral.), Los Valenzuela (danza, dir. coreog.), C. Nieto (canto), D. Valdivieso (guitarra, dir. musical y arreglos), J. Fleita (guitarra), A. Villafañe ( percusión), J. Ordóñez (bajo), J. Silveira ( bandoneón), F. Pomponio (violín, aerófonos) y C. Flores (charango, aerófonos). (C.C. Borges; de lunes a sábados.)
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La decisión de hacer seis funciones semanales, para un espectáculo de estas características, parece haber sido un despropósito. Lo que hubiera resistido muy dignamente un par de presentaciones en una sala más importante de la avenida Corrientes termina así perdiéndose, con una asistencia pobre, en medio de una cartelera porteña sobresaturada de espectáculos apuntados a los chicos en plenas vacaciones de invierno. Es que el objetivo de presentar un espectáculo «nacional», que pueda ser visto y escuchado tanto por argentinos como por turistas que visitan nuestra ciudad se cumple sólo a medias.
El Chango Nieto, cantor salteño de larga tradición en el folklore argentino tiene suficiente prestigio como para encabezar una compañía, aunque quizá no para resistir una temporada. Pero el resto del equipo que forma parte de esta «Argentina, tierra mía» está muy por debajo. Esa cuestión de cartel, sin embargo, podría haberse zanjado si el resto del elenco estuviera también a su altura artística; pero eso tampoco sucede.
Nieto sumó para este proyecto a su hija Carla -una cantante prolija pero todavía en formación- y a un ballet dirigido por la pareja de Liliana y Jorge Valenzuela. Es entonces cuando todo se queda en las buenas intenciones. En un recorrido que se proponen por las músicas y las danzas de todo el país -tango y vals criollo incluidos-, los integrantes de este espectáculo no logran salir, jamás, de lo previsible. Las danzas -o mejor dicho, las coreografías- circulan entre lo más archiconocido de cualquier festival veraniego o aun de los actos escolares. Los músicos se mueven en una medianía que no escapa, incluso, a ciertas desprolijidades técnicas.
La puesta es decididamente pobre como para un show que se pretende abarcador. Y en medio de todo eso, sólo el propio Chango Nieto, con su personal manera de cantar, los muchos años de pisar escenarios y un estilo que ha forjado a lo largo del tiempo, logra superar la media general del espectáculo; sobre todo, claro, cuando encara el repertorio de zambas y chacareras, más cercano a sus orígenes.
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