Actuación del Chaqueño Palavecino (voz, guitarra). Con J.M. Alzogaray (bandoneón, acordeón), C. Pacheco (bajo), M. Bazán (guitarra), M. Balderrama (guitarra, coros), R. Helguero ( violín), J. Rajal (violín), D. Villa (violín), R. Romanda (piano), M. Lazarte (guitarra), R. Toledo (bombo) y N. Naninni (guitarra). Invitados: grupo de cuerdas, ballet Palo Santo y Comparsa Los Teucos. (Estadio Boca Juniors, 8 de abril.)
El «Chaqueño» Oscar Palavecino vino a cubrir, en el ámbito del folklore, el espacio que fue dejando vacante Horacio Guarany. Artista del interior, de origen sencillo, dueño de un enorme carisma y de una potencia que admiran los públicos más populares, es por estos tiempos el cantor con más arrastre dentro de su género, aunque no ha demostrado, por el momento, la misma capacidad de Guarany a la hora de componer.
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En cambio, este salteño oriundo de la zona chaqueña de su provincia -y de allí el mote- se ha mostrado siempre mucho más prolijo como cantante que su colega y ha mantenido un profesionalismo que lo hace digno de respeto aun para quienes no disfrutan de este tipo de expresión.
Palavecino viene de llenar seis Luna Park hace muy poco tiempo. Su curriculum dice además que lleva quince años de profesión, que lleva vendidos más de medio millón de discos, que se ha alzado con varios premios de la industria, que ha cantado en países como Estados Unidos, Canadá, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay, y que tiene registrados nueve discos, el último de los cuales se llama «El gusto es mío».
Con ese bagaje llegó el salteño a la cancha de Boca, para su mayor desafío. Y puso toda la carne al asador. Mostró una puesta monumental de Juan Carlos Baglietto -con escena campestre (molino incluido), ingreso a caballo, enorme escenario descubierto y tres pantallas gigantes-. Sumó a un grupo numeroso de bailarines, el Ballet Palo Santo, a la colorida comparsa Los Teucos y a un conjunto de cuerdas.
Con esos invitados y con sus músicos de siempre, recorrió un extenso repertorio de chacareras y zambas carperas, en su estilo festivalero, frente a un público evidentemente popular, emocionado por la multitud que lo acompañaba -que no alcanzó, de todos modos, para colmar el estadio- y muy feliz por haber aprobado con creces el desafío.
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