21 de noviembre 2001 - 00:00

El cine argentino se cuenta a sí mismo en una vasta obra

La portada de uno de los volúmenes
La portada de uno de los volúmenes
"Muchos años atrás, cuando el cine argentino incorporó algo que hoy nos parece tan común como el relato 'en off', algunos espectadores reaccionaron con desagrado. No estaban acostumbrados a esa modalidad en la que la voz de un personaje, o un narrador, relataba partes de la película. Entonces, a la salida, le decían a sus conocidos: 'No vayas a ver tal o cual película porque está contada'", sonríe Claudio España.
 
Y agrega:
«Entre las muchas tareas que, urgentemente, necesita el cine argentino antes de que desaparezcan las viejas generaciones de espectadores, una de las prioritarias sería tomar al grabador los recuerdos vivos de toda esa gente, sus costumbres, sus recuerdos. Si no, se van a perder para siempre, como ya se han perdido tantas otras cosas».
 

España, crítico, investigador, profesor universitario y director artístico del Festival de Cine de Mar del Plata, presentará mañana en el Fondo Nacional de las Artes los dos monumentales volúmenes «Cine Argentino 1933-1956. La pantalla nacional desde el período de la industrialización hasta la desarticulación del sistema de estudios», que constituyen las dos partes del segundo tomo de una serie de tres, publicados por el organismo oficial a través de Editorial Sudamericana y con la adhesión de la Universidad del Cine.
 
«
El convenio se suscribió hace ya un tiempo, y nació como resultado de la buena aceptación que tuvo en 1994 un libro inicial, «Cine argentino en democracia», que reflejaba la historia de nuestra pantalla desde 1983 hasta la fecha de publicación. Lógicamente, es un trabajo que hoy necesita el «update» de todos los años transcurridos desde entonces», dice.
 
La flamante serie incluirá un futuro primer tomo, comprendido entre 1896 y 1932, el cine argentino desde los orígenes hasta las primeras pruebas de la cinematografía sonora, y un vo-lumen final que se referirá el período entre 1957 y 1983, correspondiente a la crisis de los modelos tradicionales, la irrupción de la modernidad con la generación del sesenta, el cine independiente y el cuestionamiento de los modelos históricos desde el estallido del cine político.
 
España es director del proyecto que tiene como productores a Elena Goity y Ricardo Manetti, y como colaboradores a Gregorio Anchou, Gabriela Fabbro, Susana Gómez Rial, Héctor Kohen, Ana Laura Lusnich, César Maranghello y María Valdez.

En diálogo con este diario, España se apresura a señalar que, pese a sus dimensiones, «la curiosidad de esta obra es que no agota el estudio del cine argentino sino que lo abre. Es una investigación muy minuciosa pero una de las tantas posibles que pueden hacerse sobre una materia tan vasta como ésta».
 
El equipo de trabajo optó por una historia del cine argentino que reprodujera las características que tuvo la pantalla nacional en ese período. Como señala el director del proyecto,
«elegimos una construcción que reflejase el armado por estudios de producción y el sistema industrial de la pantalla argentina en esos años. Fue un período decisivo, en donde una película de Argentina Sono Film tenía características muy diferentes de otra de Lumiton o de los Estudios San Miguel.Y la gente lo sabía perfectamente. Iban a ver una de Sono o una de Lumiton y las reconocían al instante. En ese sentido, nos pareció mucho más apropiado un enfoque que tuviera en cuenta esas diferencias antes que la típica cronología inter-pretada».

Modelos

A partir de ese enfoque, donde a cada uno de los grandes estudios de la era dorada del cine nacional se le dedican investigaciones individuales, los autores prosiguen su historia dividiendo en cuatro modelos clásicos la forma de hacer cine en el período: el melodrama, la comedia, el cine épico y el policial. Un cine que estaba fuertemente tipificado y que recién a fines de los 50, con la irrupción del cine independiente y la crisis de los estudios clásicos, empezaría a buscar nuevas formas.

España
agrega que el trabajo está recorrido, a la manera de una enciclopedia, por apartados que investigan fenómenos especiales. «Por ejemplo, el empleo tan abundante del 'flashback' durante la época peronista. Era un recurso muy novedoso que los cineastas de los años de Perón empezaron a usar de manera sistemática. El flashback era una forma de decir «Esto ya no ocurre ahora. Ocurría antes». Se pueden hacer muchas interpretaciones sobre el tema, pero lo cierto es que su sistematización comenzó en aquellos años».

El cine argentino, en sus años de esplendor, tuvo la particularidad de atreverse a osadías argumentales y técnicas aunque sin desvirtuar, aparentemente, el formato clásico que el público requería. A propósito del «flash-back», que se haría más intenso en los años del peronismo, España recuerda que el primer cineasta que lo empleó de manera conciente fue Luis Saslavsky, en 1938, en «Puerta cerrada», con Libertad Lamarque.

El relato en «off», esa modalidad que llevó a cierto público a descalificar, por la época, al «cine contado», también reconoce casos ejemplares como el de «La calle del pecado», de Ernesto Arancibia, con Zully Moreno. España señala, al mencionarla, que una osadía como la de Billy Wilder en «El ocaso de una vida» («Sunset Boulevard»), donde el persona-je de un muerto relataba la historia ( William Holden), también se verificaba en esta película de 1954.

¿Cuál es el lector de este libro? «Básicamente», dice su director, «es el lector universitario. Pero el amante de la pantalla nacional no especializado también encontrará textos que lo orienten y, sobre todo, que lo hagan recordar esos momentos únicos que pasó tantas veces en los viejos cines».

El profuso material fotográfico no fue de fácil obtención. «Los archivos oficiales, esto no es novedad, son muy deficitarios en la Argentina. Enormes tesoros de memoria se han perdido», lamenta España. «De modo que, más allá de lo que estaba disponible, que siempre es poco, la mayor ayuda provino de particulares, de colecciones privadas, y también, por supuesto, del azar».

Entrevista de M.Z.

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