24 de marzo 2004 - 00:00
El cine porno que hicieron los nazis
Thor Kunkel (Frankfurt, 1963), pertenece a la nueva generación literaria alemana, acaba de provocar una intensa polémica con su nueva novela, "Endstufe" ("Fase final"), basada en una amplia investigación sobre la industria porno del partido nazi. Rechazada en febrero por la editorial que la contrató, por "amoral y autoindulgente", saldrá en abril en otra que la ve como "una densa y minuciosa investigación que retrata la morbosa sociedad comandada por Hitler". En esta nota, aparecida en el diario "El Mundo" de España, el escritor defiende su trabajo.
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Thor Kunkel
Al parecer, un diplomático y miembro de la nobleza de un país báltico había conducido las negociaciones con los propietarios de las minas suecas. También en Suecia se habían desatado los rumores sobre la pornografía nazi. Tras la valoración del crítico de cine Gösta Werner, las películas empezaron a copiarse en la embajada alemana de Estocolmo. Sin embargo, no habia nada que pudiera probar esos hechos.
Mientras veía las películas supe que debía escribir una novela. Dediqué un año a seguir las huellas de tres películas -«Der Fallersteller» («Cazador con trampas»), «Frühlings Erwachen» («El despertar de la primavera») y «Waldeslust» («El bosque del placer») - por Sfax, Túnez, Roma, Boston, Copenhague, Kiruna, Malmberget y Wiesbaden. Entrevisté a 57 personas. Gracias a un fotógrafo de Hamburgo localicé a la última de las protagonistas con vida en un geriátrico. «Creía que todo eso había caído en el olvido», me dijo. «Me pagaron 220 marcos; en aquella época era mucho dinero». Se avergonzaba de su «pecado de juventud».
En resumen, la investigación aportó los siguientes datos: Las películas de Sachsenwald se rodaron en 1941. Alexander Kluge confirmó la autenticidad de las copias que aún se conservan.
Según la actriz erótica H. S. las películas «Der Fallersteller» y «Frühlings Erwachen» se rodaron en Sachsenwald. Los actores eran de la asociación naturista «Bund für Leibeszucht» («Asociación para el Cultivo del Cuerpo»). Según la testigo, los productores no eran de ninguna organización militar, «eran civiles bien vestidos con buenos modales».
Fritz Hippler, antiguo intendente del cine del Reich, apunta a un entorno extraoficial de la clase alta del nazismo, a la « Sociedad Hedonista Swing», compuesta por miembros de la nobleza, artistas y deportistas, en los años de guerra ese grupo «vivía a lo grande en la Alta Baviera», según Goebbels.
Una pista inequívoca permite seguir las películas hasta el norte de Africa, al «Mineralölkommandos» («comando petrolífero») del Afrika-Korps. Las películas de Sachsenwald, igual que las fotos de desnudos, eran objetos intercambio muy cotizados entre los beréberes. Según un testigo, «es probable que no se cambiaran por alimentos, sino por concesiones».
Nadie puede separarse de la Historia, de sus orígenes. ¿De qué se me acusa? ¿De haber intentado reproducir un periodo de la Historia demonizado por todo el mundo? ¿De haber representado el Tercer Reich desde el aspecto de la seducción y la ceguera? ¿Del nihilismo de los nazis?




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