El cine porno que hicieron los nazis

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Thor Kunkel (Frankfurt, 1963), pertenece a la nueva generación literaria alemana, acaba de provocar una intensa polémica con su nueva novela, "Endstufe" ("Fase final"), basada en una amplia investigación sobre la industria porno del partido nazi. Rechazada en febrero por la editorial que la contrató, por "amoral y autoindulgente", saldrá en abril en otra que la ve como "una densa y minuciosa investigación que retrata la morbosa sociedad comandada por Hitler". En esta nota, aparecida en el diario "El Mundo" de España, el escritor defiende su trabajo.

Berlín - No están en la colección del Archivo Cinematográfico Federal de Alemania, ni siquiera sus títulos constan en él. En Alemania no se ha escrito hasta ahora una sola línea de ellas. Y, sin embargo, las « películas de Sachsenwald», como se conocen los filmes porno producidos en la Alemania nazi, en alusión al lugar donde fueron rodados, no son una invención: fueron objeto de intercambios entre 1941 y 1943 para paliar la escasez de materias primas.

Porno alemán a cambio de hierro sueco y petróleo tunecino.

Supe de las películas de Sachsenwald por casualidad a mediados de los '90. Un amigo estaba enfrascado en un antiguo ejemplar de Playboy cuando dio con el artículo: «La historia del sexo en el cine», de Arthur Knight y Hollis Alpert, que decía: «El más peculiar de los negocios de cine porno fue el del el Tercer Reich. De 1936 a 1939, los nazis rodaron las 'películas de Sachsenwald', un porno blando (blando no es la palabra más adecuada) destinado a Suecia, donde se cambió por el hierro utilizado en el tejado de la sala de congresos de Nuremberg».

Las primeras investigaciones no dieron resultados. En Internet no habia nada. Los neonazis no parecían saber nada, increíble considerando que los artículos más insignificantes de la época son objeto de culto. Tampoco se podía encontrar información en organismos oficiales. Ni aún una autoridad en la materia, como Helmut Regel, del Bundesfilmarchiv, sabía de las películas de Sachsenwald: «¿Se refiere a tomas de penetraciones?», se preguntaba sacudiendo la cabeza. «Hubo películas algo subidas de tono, como 'Die Nacht der Amazonen', una obra de desnudos. Pero, ¿películas verdaderamente pornográficas? Eso no habría encajado con el puritanismo de los nazis».

A pesar de numerosas entrevistas a jubilados de los Estudios Riefenstahl y antiguas actrices de la UFA, no averiguaba nada nuevo. Empezaba a albergar serias dudas sobre su existencia.

Me puse en la pista correcta cuando di con un documental de
Alexander Kluge que mostraba secuencias de las películas de Sachsenwald. El maestro de la ficción documental alemana se alegró cuando lo abordé en una sala de montaje del Arri, en Múnich, y me dió datos de un coleccionista. Tres días después estaba con Werner Nekes, rodeado de visores y proyectores. « Empezaré con Frühlingserwachen.» Mientras ponia la película, me habló de los vendedores de «las Sachsenwald».

Al parecer, un diplomático y miembro de la nobleza de un país báltico había conducido las negociaciones con los propietarios de las minas suecas. También en Suecia se habían desatado los rumores sobre la pornografía nazi. Tras la valoración del crítico de cine Gösta Werner, las películas empezaron a copiarse en la embajada alemana de Estocolmo. Sin embargo, no habia nada que pudiera probar esos hechos.

Mientras veía las películas supe que debía escribir una novela. Dediqué un año a seguir las huellas de tres películas -«Der
Fallersteller» («Cazador con trampas»), «Frühlings Erwachen» («El despertar de la primavera») y «Waldeslust» («El bosque del placer») - por Sfax, Túnez, Roma, Boston, Copenhague, Kiruna, Malmberget y Wiesbaden. Entrevisté a 57 personas. Gracias a un fotógrafo de Hamburgo localicé a la última de las protagonistas con vida en un geriátrico. «Creía que todo eso había caído en el olvido», me dijo. «Me pagaron 220 marcos; en aquella época era mucho dinero». Se avergonzaba de su «pecado de juventud».

En resumen, la investigación aportó los siguientes datos: Las películas de Sachsenwald se rodaron en 1941. Alexander Kluge confirmó la autenticidad de las copias que aún se conservan.

Según la actriz erótica H. S. las películas
«Der Fallersteller» y «Frühlings Erwachen» se rodaron en Sachsenwald. Los actores eran de la asociación naturista «Bund für Leibeszucht» («Asociación para el Cultivo del Cuerpo»). Según la testigo, los productores no eran de ninguna organización militar, «eran civiles bien vestidos con buenos modales».

Fritz Hippler
, antiguo intendente del cine del Reich, apunta a un entorno extraoficial de la clase alta del nazismo, a la « Sociedad Hedonista Swing», compuesta por miembros de la nobleza, artistas y deportistas, en los años de guerra ese grupo «vivía a lo grande en la Alta Baviera», según Goebbels.

Una pista inequívoca permite seguir las películas hasta el norte de Africa, al
«Mineralölkommandos» («comando petrolífero») del Afrika-Korps. Las películas de Sachsenwald, igual que las fotos de desnudos, eran objetos intercambio muy cotizados entre los beréberes. Según un testigo, «es probable que no se cambiaran por alimentos, sino por concesiones».

Nadie puede separarse de la Historia, de sus orígenes. ¿De qué se me acusa? ¿De haber intentado reproducir un periodo de la Historia demonizado por todo el mundo? ¿De haber representado el Tercer Reich desde el aspecto de la seducción y la ceguera? ¿Del nihilismo de los nazis?

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