30 de abril 2004 - 00:00

El Colón estrenó deslucido ballet

«Cenicienta». Ballet en tres actos. Coreog.: R. Lastra. Mús.: S. Prokofiev. Ballet Estable del Colón. Dir.: M. García. (Teatro Colón, hasta el 2 de mayo.)

El Teatro Colón posee dos orquestas profesionales (la Filarmónica y la Estable) y una orquesta juvenil (la Académica) pero, debido al conflicto de derechos de autor con Argentores y las editoriales de música ya adelantadas por este diario, abrió su temporada oficial del Ballet Estable con música grabada.

Esta circunstancia hizo que el estreno de la nueva producción de «Cenicienta» perdiera la mitad de su posible efectividad, ya que la partitura de Sergei Prokofiev, que combina con armónico equilibrio el humor y el amplio lirismo de los cuentos infantiles, es fundamental para apuntalar la danza.

• Barroquismo

La coreografía fue confiada a la experiencia de Rodolfo Lastra, un hombre de extendida trayectoria creativa, que diseñó un ballet de claro lenguaje académico, siguiendo los lineamientos argumentales con meticulosidad. Si bien las acciones cuentan la historia de Cenicienta y el príncipe con detalle y mediante el perfil psicológico de los personajes centrales logra secuencias de sutil humorismo, el exceso de material fantástico a veces desluce la continuidad argumental. En los tres actos un verdadero ejército de hadas, enanos, libélulas, saltamontes, mariposas y luciérnagas tiñen de barroquismo la escena y transforman la sencillez de la narración en una suerte de apoteosis fantástica algo recargada, aún para el público infantil al que seguramente ha sido dirigida la versión. La de Ashton (l948), la de Skibine (l972) y la maravillosa creación de Ben Stevenson -de la que Paloma Herrera hiciera un suceso con el American Ballet Theatre en Nueva York-tenían una sobriedad y una esencialidad mayor que la de Lastra, aun incluyendo el elemento fantástico.

La compañía del Colón se desempeña bien y baila lo trazado con la mejor predisposición anímica. Karina Olmedo y Darío Artesiano asumieron con verdadera capacidad los roles centrales.

Aunque la producción es modesta (como corresponde a estos tiempos de ajuste) se destaca la luz puesta por el maestro Félix Monti y Alfredo Morelli, pero la ausencia de la música en vivo y lo elemental de la estética general restan calidad al espectáculo.

E.V.

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