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23 de octubre 2006 - 00:00

El color ya es algo más que decorativo en De Sagastizábal

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Poco queda hoy de las pinturas «indolentes» de De Sagastizábal, de esa lánguida serie realizada al promediar la década del 90.
En la galería Rubbers se exhibe desde hace unos días, «Sístole y diástole», la serie de coloridas pinturas que Tulio de Sagastizábal (Posadas, 1948) realizó entre 2004 y 2006. La condición sensitiva de la obra, explica de algún modo el título de la muestra, pues la pintura parece expandirse ante los ojos del espectador. El movimiento permanece en estado latente, como esperando inflamar las ampulosas ondulaciones de esas rayas multicolores que surcan las telas. Pero más allá del fenómeno óptico, la contracción y dilatación de la pintura, su palpitar ilusorio, es metáfora de las búsquedas e indagaciones de un artista que quiere llegar al «corazón» del arte abstracto.

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Así emprende un viaje en el que para comenzar, sabe que la simple y a la vez compleja relación entre el color y la forma, que es la base de la abstracción, es también territorio trillado que derivó en «ejercicios de estilo» alejados del contenido ideológico y revolucionario que le otorgó la vanguardia. Luego, toma el único camino posible, se adentra en el universo de la abstracción con la conciencia clara de los límites, así rescata su historia y el goce estético que depara.

A esta altura de la trayectoria, poco queda de las pinturas «indolentes» de De Sagastizábal, de esa lánguida serie realizada al promediar la década del '90, meditativa y dedicada a la ensoñación. De hecho, esas reflexiones pasivas acerca de la abstracción abrieron paso a una obra que hoy se percibe mucho más activa, intensa y vital. El gesto deliberadamente imperfecto de la pincelada permanece, pero ahora sirve para proporcionar un sentido abiertamente autorreferencial a la obra, se percibe como la respiración del artista, como algo orgánico que palpita en las telas.

Así, con una inesperada originalidad, renueva el color de las mariposas de Pettoruti, las embellece y las hecha a volar en medio de sus cuadros; o, por el contrario, superpone inesperadas cruces o sinuosas curvas sobre los círculos irregulares y deformados que evocan con cierta ironía el rigor del arte geométrico y el cinetismo.

En el catálogo que presenta la muestra, escrito por el artista, dueño de un bien ganado prestigio como docente y teórico, figura una cita de la artista «Vija Celmins», que dice: «Creo que hay algo profundo en el hecho de trabajar con un material que es más fuerte que las palabras y se refiere a otro lugar que es un poco más misterioso». La cita está tomada de «Penélope», un texto de John Berger que habla sobre una artista que ha pasado su vida pintando y dibujando la realidad.

Es decir, que traslada con «disciplinada paciencia» y «fidelidad inverosímil» imágenes fotográficas al papel o la tela. Resulta imposible establecer una analogía entre la pura abstracción de De Sagastizábal y la total objetividad de Celmins. Sin embargo, ambos no hacen otra cosa que tejer y destejer con obsesión el hilo que conforma la trama del arte. Ambos buscan con apasionado afán alguna certeza y claridad visual en ese lugar «misterioso» de la imagen.

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