21 de octubre 2004 - 00:00

"El embajador del miedo"

Denzel Washington y Meryl Streep en la nueva versión de «El embajador del miedo», que en 1962 protagonizaron Frank Sinatra y Laurence Harvey.
Denzel Washington y Meryl Streep en la nueva versión de «El embajador del miedo», que en 1962 protagonizaron Frank Sinatra y Laurence Harvey.
«El embajador del miedo» (The Manchurian Candidate, EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: J. Demme. Int.: D. Washington, L. Schreiber, M. Streep, J. Voight, B. Ganz, R. Corman.

En 1962 John Frankenheimer y Frank Sinatra hicieron una de las más retorcidas visiones del temor macartista y la Guerra Fría, sublimada en un pesadillesco complot con lavado de cerebro y oscuros poderes totalitarios decididos al magnicidio con tal de cambiar el curso de la historia. Como el film se estrenó antes del asesinato de Kennedy, se convirtió en uno de esos raros casos en los que la ficción parece adelantar la realidad.

La nueva «El embajador del miedo» difícilmente pueda adelantar nada peor de lo que ya viene sucediendo durante el primer lustro del siglo XXI. Se podría decir que lo que hace, con cierta humildad y sentido común, es referirse a las nuevas guerras, negociados y paranoias colectivas con sutil ironía, mezclando mensaje político con drama, suspenso y, sobre todo, buen entretenimiento.

En la trama del nuevo «Embajador...», los que buscan tener su propio títere en el sillón presidencial no son grupos totalitarios, sino corporaciones impersonales de influencia a todos los niveles de la política y la economía. Y la jugada maestra del director Jonathan Demme es no dividir el circo político electoral en buenos y malos, empezando por una siniestra Meryl Streep -digna sucesora de la Angela Lansbury del film original-que se vale de caricaturizar a una figura tan promimente del partido Demócrata como Hillary Clinton, para terminar sublimando todo el abanico de vicios de la política estadounidense, sin dejar de utilizar este personaje para lanzarle toda la artilleríaa la administración Republicana. Ahora no es un italoamericano como Sinatra, sino el militar afroamericano Denzel Wahington el paranoico que insiste en repetir todo tipo de cosas raras que apuntan a señalar a un héroe de la guerra del Golfo que salvó su vida, candidato a vicepresidente, como un zombie cuyo cerebro es controlado por una corporación que viene infiltrando «todo gobierno desde tiempos de Nixon».

El viejo maestro de Demme, Roger Corman, aparece brevemente para ilustrar la idea de un miembro del actual gobierno que monitorea gentilmente las intrigas palaciegas de los demócratas, por supuesto tendientes a candidatear al hombre de Manchurian (ya no una referencia a China Roja, sino el nombre de la corporación que gana todas las licitaciones de servicios médicos del gobierno, y que financia campañas de políticos de cualquier partido).

Demme
integra la sátira política con el suspenso más fuerte, sin descuidar los aspectos emocionales de las marionetas de este universo kafkiano, ni dejar de respetar y actualizar los viejos recursos del cine de género hollywoodense. El reparto tiene trabajos memorables como los de Bruno Ganz y Jon Voight, una sucesión de cameos de directores y actores de culto, y un trabajo antológico del fotógrafo Tak Fujimoto decidido a volver realista y sólo una pizca más sárdonica a la estética del mundo paranoico del siglo XXI.

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