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2 de agosto 2007 - 00:00

El espectacular final no salva floja comedia

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El talentoso Steve Carell, como el político obligado a construir un arca como la de Noé por Dios (Morgan Freeman) reemplaza a Jim Carrey en la floja secuela de «Todopoderoso».
«Regreso del Todopoderoso» (Evan Almighty, EE.UU., 2007, habl. en inglés) Dir.: T. Shadyac. Int.: S. Carell, M. Freeman, L. Graham, J. Simmons, G. Phillips, J. Bennett, J. Goodman, W. Sykes.

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Los fóbicos de Jim Carrey saben que esta secuela tiene una ventaja sobre el original: el nuevo protagonista Steve Carell. Luego, Morgan Freeman sigue haciendo de Dios, y hay un papel secundario para un gran actor como John Goodman como un político corrupto. Es que éste es un film sobre mística y política, aunque si tuviera más gags eficaces, sería una comedia realmente recomendable, y no un film mediano que apenas se deja ver amablemente hasta un desenlace impactante que lamentablemente no redime lo anterior.

Carell acaba de ser elegido congresista, con una campaña sostenida con el lema «Cambiemos el mundo». Gana, y en entonces se le aparece Morgan Freeman (Dios), para obligarlo con sus métodos sobrenaturales a que construya un arca, como la de Noé, y con dos animalitos de cada especie siguiéndolo a todos lados, lo que a veces puede ser un poco incómodo, sobre todo en el Congreso de los Estados Unidos. Por supuesto, es difícil explicarle a la mujer y los chicos que la actividad del fin de semana -y del que viene y el siguiente- será construir un arca. La película empieza muy lentamente, con un tono muy ñoño que luego se aplica a situaciones que daban para una batería de chistes más nutrida. Recién en la mitad se pone mejor, con ciertos toques surrealistas como la barba tipo Antiguo Testamente imposible de afeitar en la cara del protagonista -que poco a poco va encontrando lugar para mostrar su talento como comediante-, y mejor ni hablar de la túnica fashion.

Al final, cuando el espectador espera algún tipo de diluvio, el director se descuelga con una sorpresa que no vamos a develar, pero que está estupendamente filmada y casi justifica el precio de la entrada. Aunque de todos modos, la tibia comedia del principio no se salva con nada.

D.C.

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