8 de febrero 2001 - 00:00

El film de arte y kung fu que cautivó a EE.UU.

Un film hablado en mandarín que mezcla romance con artes marciales en un marco de sumo refinamiento no sólo se hizo popular en EE.UU., sino que además se perfila como seguro candidato al Oscar y no únicamente en el rubro mejor película extranjera. Se trata de "El Tigre y el Dragón", que se estrenará la próxima semana en la Argentina y que este diario preestrenará para sus lectores el lunes próximo.

El tigre y el dragón
"El tigre y el dragón"
Nueva York - Bastan veinte minutos de proyección del film «El Tigre y el Dragón», el nuevo trabajo del cineasta chino Ang Lee, y el público ya está aplaudiendo. Bajo el cielo iluminado por la luz de la luna, en un Pekín del siglo XIX, dos guerreras se enfrentan como si estuvieran dentro de un juego de videogames. Por varios minutos son sólo las cabecitas de ellas saltando de un lado para otro en una noche azulada. Ellas escalan muros de tres metros de altura, ruedan por tejados y vuelan como brujas de cuentos de hadas. Pero sin escobas ni ningún truco aparente. La orden es desafiar la ley de la gravedad en un espectáculo impresionante de kung fu y ballet acrobático.

Se hicieron exhibiciones de testeo con el público común norteamericano y, pasada media hora de iniciada la proyección, el estudio Sony Classics, que lanzó el largometraje en los Estados Unidos, comprobó algo sorprendente: la platea quedó tan atrapada por la acción de la historia que se olvidó de que estaba asistiendo a una película hablada en mandarín y con subtítulos que brotan regularmente durante 120 minutos de proyección, superaba el mayor desafío para un film extranjero: alcanzar las masas en el casi impenetrable mercado norteamericano del cine.

Representando a Taiwán en la disputa del Oscar por el mejor film extranjero, «El Tigre y el Dragón» es de lejos la gran favorita. Y los productores sueñan ir aun más lejos: es posible que, así como la película italiana «La vida es bella», de Roberto Benigni, la obra de Lee consiga hacer un crossing over y ser calificada para la categoría principal del premio, el Oscar a la mejor película, al lado de las producciones habladas en inglés.

Ang Lee
tiene chances de conquistar el Oscar el 25 de marzo porque su carrera alcanzó la cumbre y su trayectoria es inmaculada: un director que surgió haciendo películas de arte, llegó a Hollywood y logró mantener su proyecto, no derrumbándose hacia los blockbusters como el holandés Paul Verhoeven o hacia films sin interés como el griego Constatin Costa-Gavras. Ang Lee fue dos veces nominado para el codiciado premio de la Academia por películas habladas en su idioma natal: «El banquete de boda», en 1993, y «Comer, beber, vivir», al año siguiente.

En el difícil rito de pasaje de un film extranjero a una producción hollywoodense, el cineasta chino acertó nuevamente. En 1995 filmó «Sensatez y sentimientos», una producción inglesa de época que abrió el apetito mundial por las novelas de Jane Austen. La película también reveló el talento de Kate Winslet, una actriz con aire de musa de Boticelli, y le hizo ganar a Emma Thompson un Oscar por el guión.

«El Tigre y el Dragón»
es un trabajo de carpintería cinematográfica. Una sorprendente orquestación de guión, de escenas delirantes de acción, música e interpretación. Pero tampoco, que quede claro, se trata de una obra cerebral como las películas de Zhang Yimou o Chen Kaige. Lee sabe también hacer buen kitsch. Y el público vive eso al dejar el cine bajo el influjo de la melodía final cantada por Coco Lee, especie de Céline Dion oriental.

Desafío

Fue esa mezcla entre lo simple y lo magistral, lo kitsch y lo ridículo el mayor desafío para el director. «En Asia, donde mi película fue lanzada el último verano, le dimos tratamiento de bombazo cinematográfico -explica Lee-. Como se trata de una epopeya de kung fu, debíamos presentar una acción explosiva y los elementos menos nobles precisaban ser también explorados.Ya en Estados Unidos -agrega-llegó con el status de film de arte, comenzando en pocas salas de Nueva York y Los Angeles, para después expandirse al mercado nacional.»

El guión de «El Tigre y el Dragón» fue extraído del cuarto tomo de una novela de cinco capítulos escrita por Wang Du Lu. La obra proviene de la tradición wuxia, un género literario muy popular en China desde los tiempos de Confucio, cuyos protagonistas son guerreros de espíritu libre y que dominan todas las técnicas de las artes marciales. Es algo así como una respuesta a los samurais japoneses. Las historias wuxias están repletas de melodramas y situaciones folletinescas. Eso hizo que la Opera de Pekín no tardara en apoderarse de ese género narrativo para sus producciones.

«Wuxia es nuestro 'Pulp fiction' - explica Ang Lee-y yo leo ese tipo de libros desde chico, así como vi series de TV y películas de ese estilo. Siempre pensé en hacer algo parecido, mezclando lo abstracto de las situaciones con el hecho de que las mujeres también protagonizan las tramas wuxias.»

La actriz malaya Michelle Yeoh (vista como pareja de James Bond en «007- El mañana nunca muere»), y el actor Chow Yun Fat («Ana y el rey») son los protagonistas de la historia.

La película comienza con el maestro de artes marciales
Li Mu Bai (Yun-Fat) decidido a dejar su espada, llamada Destino Verde y esculpida hace 400 años, y pasar a una vida meditativa. Quien recibe el objeto es una amiga guerrera, Yu Shu Lien (Michele), eximia luchadora con quien Mu Bai tuvo una aventura romántica en el pasado. Poco después, la espada desaparece y allí comienzan los enredos con una joven noble a punto de casarse y hasta una especie de bruja guerrera.

El mayor desafío fue de
Michelle Yeoh, estrella de la película, que puede convertirse en la segunda actriz oriental nominada para el Oscar (en 1957, la japonesa Miyoshi Umeki conquistó el premio de coprotagonista por su participación en «Sayonara», al lado de Marlon Brando). La actriz de Malasia mezcla golpes de kung fu con una sensible interpretación, que no le fue fácil. «No sé idioma mandarín-explica la actriz-y tuve que hacer mil esfuerzos con el texto, hubo momentos en que no tenía idea de lo que estaba diciendo, por suerte Ang Lee es uno de los cineastas más pacientes con quienes trabajé.»

Las escenas de acción son un capítulo aparte en la película. Un aperitivo ya ofrecido al público en «Matrix», con Keanu Reeves, y en «Los Angeles de Charly», con Cameron Díaz, Drew Barrymore y Lucy Liu. Los actores son amarrados con pesas a cables y levantados por el aire con una grúa, a veces hasta 18 metros de altura. Ayudados por un equipo de 20 técnicos, hacen sus movimientos, sus saltos y giros, y hasta luchan en pleno aire. Mas tarde, los cables son borrados de la película con la ayuda de computadoras, técnica que otorgó un Oscar a «Matrix».

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