Una metáforas del hombre que bucea en su paisaje interior, que se debate entre la realidad y la ilusión. Dos palabras que también el fuego consume, en dos extraordinarias fotografías cargadas de contenido: Toda su obra es autorreferencial y hechos íntimos de su vida, como el homenaje a sus padres, son iluminados por el fuego que, en este caso, no equivale a destrucción sino a la transformación en sustancia perdurable. Un video ilustra la invalorable asistencia de todo el pueblo de Mechita, un backstage que desnuda la intimidad del hacer de estas fotografías y que provoca el deseo de haber participado de su ritual. Clausura el 21 de septiembre.
•En el Museo de Bellas Artes Bonaerense (La Plata), se exhibe
Dejá tu comentario