6 de enero 2002 - 00:00
"El Gatopardo" resucita en el palacio donde se filmó
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Alain Delon y Claudia Cardinale
«La forma más sublime y completa del espectáculo es el melodrama», escribía Visconti mientras trabajaba en la Scala de Milán junto a María Callas. «Es en el melodrama donde convergen la palabra, el canto, la música, la danza y la escenografía. Es en el melodrama donde yo siento la independencia del arte».
«El Gatopardo» es una forma de melodrama gracias a la música de Nino Rota, al vals de Giusseppe Verdi y a la vocación operística de la propia estructura: una primadonna, Claudia Cardinale; un tenor apuesto, Alain Delon; y un barítono decadente, Burt Lancaster, que asiste al apogeo de la burguesía con resignación filosófica: «Algo tenía que cambiar para que todo siguiera igual», dice el actor siguiendo el texto original de Giuseppe Tomasi de Lampedusa (1896-1957).
«Entre el libro y la película existe una sola diferencia -explica el cineasta Mario Verdone- aquél permanecerá eterno, inmutable, en blanco y negro, mientras que el film padecerá el deterioro de las proyecciones, la erosión química, el desgaste material».
«El Gatopardo» era uno de los grandes tesoros del patrimonio cinematográfico amenazado por el deterioro. Al menos, hasta que la compañía Medusa, propiedad de Silvio Berlusconi, decidió recuperarlo, devolverle el esplendor de antaño y someterlo al proceso de la tecnología digital. De hecho, la película de Visconti puede comprarse en el formato DVD con el contenido original y con muchos otros aspectos recogidos en la exposición homenaje de Ariccia.
Manuscritos, fotos, figurines, retratos, libros, recuerdos, fetiches, muebles, cartas, sirven de guía para escrutar los detalles que contribuyeron al alumbramiento de «El Gatopardo» en aquel estreno romano del 27 de marzo de 1963. «La versión cinematográfica de Visconti demuestra que la Sicilia de 'Il Gattopardo' no es un espacio real, sino un lugar del alma, una hipótesis metafísica concebida en un tiempo histórico más que en un espacio físico», escribe en el prólogo de la exposición el viceministro de Cultura, Vittorio Sgarbi.



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