6 de enero 2002 - 00:00

"El Gatopardo" resucita en el palacio donde se filmó

Alain Delon y Claudia Cardinale
Alain Delon y Claudia Cardinale
Roma - El 25 aniversario de la muerte del cineasta italiano Luchino Visconti (1906-1976) ha servido de pretexto para organizar una exposición devocionaria en los salones que albergaron la película «El Gatopardo».

Las estancias del Palazzo Chigi, en Ariccia (periferia de Roma) han adquirido el aspecto de un museo dedicado temporalmente al genio de Visconti. Se trata de recordar la huella y los pormenores de «El Gatopardo», pero el homenaje también implica un exhaustivo recorrido entre las pasiones del cineasta italiano, especialmente la música.

«La forma más sublime y completa del espectáculo es el melodrama»
, escribía Visconti mientras trabajaba en la Scala de Milán junto a María Callas. «Es en el melodrama donde convergen la palabra, el canto, la música, la danza y la escenografía. Es en el melodrama donde yo siento la independencia del arte».

«El Gatopardo»
es una forma de melodrama gracias a la música de Nino Rota, al vals de Giusseppe Verdi y a la vocación operística de la propia estructura: una primadonna, Claudia Cardinale; un tenor apuesto, Alain Delon; y un barítono decadente, Burt Lancaster, que asiste al apogeo de la burguesía con resignación filosófica: «Algo tenía que cambiar para que todo siguiera igual», dice el actor siguiendo el texto original de Giuseppe Tomasi de Lampedusa (1896-1957).

El escritor siciliano ocupa la primera sala de la exposición de Ariccia porque la película de Visconti aspiraba a convertirse en digno corolario cinematográfico de la novela. No son muchos los gestos de cortesía ajena que se concedía la vanidad del cineasta italiano, pero «El Gatopardo» corresponde a un extraño caso de sintonía entre la realidad literaria y la extrapolación visual del celuloide. Quizá porque Giusseppe Tomasi de Lampedusa escribía con los ojos.

«Entre el libro y la película existe una sola diferencia
-explica el cineasta Mario Verdone- aquél permanecerá eterno, inmutable, en blanco y negro, mientras que el film padecerá el deterioro de las proyecciones, la erosión química, el desgaste material».

«El Gatopardo»
era uno de los grandes tesoros del patrimonio cinematográfico amenazado por el deterioro. Al menos, hasta que la compañía Medusa, propiedad de Silvio Berlusconi, decidió recuperarlo, devolverle el esplendor de antaño y someterlo al proceso de la tecnología digital. De hecho, la película de Visconti puede comprarse en el formato DVD con el contenido original y con muchos otros aspectos recogidos en la exposición homenaje de Ariccia.

El espacio del Palazzo Chigi es tan sugestivo y cálido que el comisariado de la muestra se ha preocupado por reconstruir el ambiente de un aristócrata siciliano en los años del «Risorgimento». El viaje iniciático entre los recovecos de «El Gatopardo» comprende un vistazo al año 1860, cuando las tropas de Garibaldi desembarcaron en Marsala. Puede tocarse la casaca roja de Alain Delon, puede acariciarse el vestido blanco de Claudia Cardinale y pueden contemplarse las fotografías fraternales de Visconti y Burt Lancaster.

"Cowboy"

El director italiano no quería conceder el papel del príncipe Salina a un cowboy sin modales, pero los primeros ensayos y los primeros desencuentros justificaron la elección. Sobre todo porque el actor norteamericano, así lo cuentan los testigos, tuvo el valor de contestar la tiranía de Luchino Visconti. «Búscate un actor si no te gusta cómo bailo», dijo Lancaster en pleno rodaje del vals.

Manuscritos, fotos, figurines, retratos, libros, recuerdos, fetiches, muebles, cartas, sirven de guía para escrutar los detalles que contribuyeron al alumbramiento de
«El Gatopardo» en aquel estreno romano del 27 de marzo de 1963. «La versión cinematográfica de Visconti demuestra que la Sicilia de 'Il Gattopardo' no es un espacio real, sino un lugar del alma, una hipótesis metafísica concebida en un tiempo histórico más que en un espacio físico», escribe en el prólogo de la exposición el viceministro de Cultura, Vittorio Sgarbi.

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