6 de agosto 2002 - 00:00

"El jazz no tiene marca de origen, es universal"

Minichilo, Vázquez, Jodos y Franov
Minichilo, Vázquez, Jodos y Franov
Entre hoy y el 31 de agosto la Secretaría de Cultura porteña realizará el ciclo «Buenos Aires Jazz y Otras Músicas» que repartirá conciertos en todas las salas oficiales. A la programación propia sumarán los espectáculos de los clubes de jazz Notorious, Thelonious y Casual Bar. Serán más de 80 conciertos, muchos de ellos gratuitos, que tendrán sus puntos máximos en las actuaciones en el Teatro Colón de Dino Saluzzi y Luis Salinas (el lunes 19), y Luis Alberto Spinetta con el «Mono» Fontana, en formato acústico (lunes 26). Para hablar de este ciclo y de la actualidad del jazz, este diario se reunió con algunos de los numerosos músicos que participarán: el baterista Norberto Minichilo, de El Terceto; Santiago Vázquez y Alejandro Franov, del grupo Puente Celeste, y el pianista Ernesto Jodos. Transcribimos parte de ese diálogo.

Periodista: ¿Cómo puede definirse, a esta altura de la historia, el concepto de jazz?


Norberto Minichilo:
No sé si en la actualidad puede hablarse de jazz del mismo modo como se lo hacía años atrás. De hecho, muchos, nosotros mismos con El Terceto, utilizamos el jazz para hacer otra cosa.

Santiago Vázquez:
El jazz siempre ha tenido que ver con la vanguardia, con empujar los límites culturales, con unir lo culto con lo popular. En ese sentido, más allá de algunos cambios formales, el espíritu se mantiene intacto.

P.: ¿No les sorprende que el tango, el folklore, las diferentes músicas étnicas, se hayan sometido al jazz y no haya sido a la inversa?


N.M.:
A lo mejor tiene que ver con la actitud diferente que tuvieron los negros africanos que llegaron a los Estados Unidos y los que vinieron a América del Sur. Allá los sometieron en muchos aspectos, pero no lo lograron en la música. A lo mejor, ese aspecto liberador originario del jazz es lo que lo mantiene vigente.

P.: ¿Cómo han incidido, o están incidiendo, los vaivenes económicos en el movimiento del jazz en Argentina?


E.J.:
Sin que deje de ver que el tema económico es importante en éste o en cualquier otro movimiento cultural, me preocupa que siempre se piense primero en los factores externos. Más allá de lo económico, tenemos que ver que para que haya jazz hacen falta compositores que escriban e intérpretes que lo toquen. Ni yo ni muchos de nosotros hemos empezado a tocar jazz, o músicas cercanas, porque estaba de moda o porque había una movida en tal o cual momento.

S.V.:
Una cosa sería hablar de jazz clásico. Pero si hablamos del concepto mucho más amplio que manejamos hoy, creo que inclusive habría que destacar su capacidad para adaptarse a los medios más adversos.

N. M.
: La creatividad siempre aparece más en la crisis; el arte no es producto de la comodidad.

E.J.:
Agregaría que otra vez aparece, frente a las dificultades, el aspecto improvisatorio del jazz, para acomodarse a cada realidad cambiante. Y si hablamos de las muchas visitas extranjeras cuando la moneda lo permitía, creo que en todo caso la diferencia estuvo en la otra pata de esta mesa que es el público. Al llegar gente de afuera hay más espacio para el jazz en los medios, pero nosotros seguimos haciendo lo nuestro del mismo modo, antes o ahora. En todo caso, lo que permitió el dólar más barato es que llegaran discos o músicas que ahora no es fácil conseguir.

Alejandro Franov:
Tampoco nos engañemos. Desde que soy músico, siempre escuché decir que estamos mal. Y la música sigue existiendo y los músicos seguimos escribiendo y tocando.

P.: Minichilo, usted que es el que lleva más tiempo en esto, ¿qué diferencias nota entre los músicos de su generación y los más nuevos?


N.M.:
La gente joven estudia y ha estudiado mucho más. Se ha perdido el amateurismo. Siempre hubo, claro, músicos grandes. En este momento se me ocurren Baby López Furst, o Chico Novarro tocando la batería; todos queríamos ser como ellos y tocar con ellos. Pero ahora hay una camada de músicos que tocan todos muy bien porque saben de qué se trata.

S.V.:
Por lo que sé, antes el músico se hacía más tocando. Cuando empezó a mermar el trabajo, esos mismos músicos fueron perdiendo importancia.

N.M.:
De lo que no hay que olvidarse -y por suerte, todos estos músicos lo tienen-es de las raíces. Uno puede tocar jazz, que es una música que nació en otro país, pero para no perder identidad cultural no tiene que olvidarse de Atahualpa Yupanqui o de Osvaldo Pugliese. A partir de ahí, se puede tocar cualquier cosa. Yo mismo estoy ahora entusiasmado con las músicas étnicas, porque son expresiones que conservan buena parte de su esencia. Creo que ahí radica un gran problema de la música de Occidente. Hemos perdido el sentido tribal, comunitario; y eso no es bueno, ni para la música ni para nada.

P.: ¿Cómo ven que ciertos músicos jóvenes -por ejemplo, Wynton Marsalis-hayan anclado tanto en la tradición?

E. J.:
El jazz siempre ha tenido un diálogo constante con la tradición. Y la posmodernidad lo ha acentuado más. El riesgo está en que se convierta en tradicionalismo y termine siendo reaccionario. Uno puede tomar el pasado para repetirlo o para partir de él en busca de otros caminos. Son dos actitudes bien diferentes. Dos músicos pueden hacer bebop pero si su actitud es distinta su música también lo será. Quizá digo esto porque soy el más cercano a la tradición de los que estamos acá. Pero creo que se puede hacer jazz válido sin hacer, necesariamente, algo novedoso.

S.V.:
Igualmente, aunque cierta postura romántica nos quiera hacer pensar que «lo étnico» es algo que se ha mantenido inalterable durante siglos, es obvio que no es así. Es música que cambia, evoluciona. Lo que ha cambiado en estos años es el nivel de comunicación que hay entre los humanos. Hoy, en Internet, podemos encontrar músicas de cualquier parte en un minuto, algo que antes hubiera sido una utopía.

E. J.:
Pero tampoco nos olvidemos, sobre todo en lo que se refiere a las denominaciones tipo «world music» o «música étnica», que son un instrumento de dominación de la industria, para la que todo lo que no corresponde a ninguno de sus géneros más conocidos, recibe esos nombres. Y arman unas mezclas que ponen en una misma batea de una disquería a Piazzolla con un músico de Africa.

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