NuevaYork (La Vanguardia) Lo difícil en la nueva exposición «SAFE: design takes on risk», un análisis de la relación entre el diseño, el miedo y la seguridad en el MoMA, es distinguir entre la realidad y la parodia. Hay objetos diseñados con fines comerciales y otros que ironizan sobre una sociedad miedosa y paranoica en la era pos 11-S. Pero cuesta saber cuál es cuál.
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Los llamados Muebles para escondernos de los diseñadores británicos Anthony Dunne y Fiona Raby, por ejemplo, parecen objetos de parodia. La Silla Faraday es un mueble de plástico amarillo y acero dentro del cual uno puede tumbarse en posición fetal y respirar a través de un tubo. Pero, según la guía de la muestra, el prototipo va en serio: es el «refugio para evitar los ocultos campos magnéticos... A medida que los artilugios electrónicos invaden nuestros hogares, espacios libres de ondas pueden ser nuestro único refugio».
Junto al mueble citado se encuentra el Vigilhome de Olivier Peyrico, un refugio plegable de plástico que contiene cajas para herramientas de supervivencia, desde un extintor de incendios hasta un piolet. Resulta perfectamente factible que éste sea comercializable en el creciente mercado de la cultura de la supervivencia pero, según Peyrico, su propuesta sí es una parodia sobre la paranoia y el catastrofismo. Incluye dos cajas de ansiolíticos, un enorme cartón de cereales Special K y un bidón lleno de jumo de manzana biológico.
Para quienes hayan visto las urbanizaciones valladas y estrictamente vigiladas de las clases acomodadas californianas, no parece demasiado inverosímil el llamado Securitree, del mexicano Raúl Cárdenas, un conjunto de cámaras de video en forma de árbol. En realidad, es una escultura crítica. Fue montada en San José (California) para averiguar hasta qué punto los residentes acomodados de la ciudad más segura de Estados Unidos estaban dispuestos a sacrificar su intimidad en el nombre de la seguridad.
Como era previsible, han sido los diseñadores israelíes quienes han cruzado con más naturalidad la línea divisoria entre precaución y neurosis. Arik Levy y Tal Lancean presentan una serie de prendas de la nueva moda antibalas, camisetas y vestidos hechos de plumas de cisne y de faisán, «una alternativa al kevlar en chalecos antibalas convencionales», se explica. Parecen de mentira, pero son prototipos para una nueva línea de ropa blindada. Otros productos llamativos de la escuela israelí de diseño para el miedo: una protección para la cabeza de mujeres judías o musulmanas de fe tradicional hecha de malla de acero inoxidable de Galya Rosenfeld, y los tres modelos de trajes infantiles de protección ante posibles ataques químicos, fabricados incluso para bebés.