17 de febrero 2001 - 00:00
El mundo de Versace no son sólo excesos
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Así lucirá Sotheby´s.
Pero el éxito de Versace lo determinó otra razón estilística de peso: el tono sofisticado pero a la vez callejero de sus modelos. Por primera vez, un modisto salía a la calle a buscar inspiración. Y allí, donde también se encontró con la muerte, al igual que su colega Gucci pocos años antes, se apropió del estilo desfachatado de las «cocottes» modernas. Supo ver la magia del asunto, la misma que exactamente un siglo antes descubría Toulouse Lautrec. Sacando provecho de un clima encanallado, creó una imagen de la mujer fuerte y sensual, hija del atrevimiento. Con ese espíritu en algunos de sus diseños y a costa de sacrificar sin reparos la elegancia, tensó los límites de la alta costura, llegó al extremo de citar el sadomasoquismo.
Si bien el eclecticismo lo llevó a alimentar su creatividad con el arte moderno y las pinturas de Warhol, el espíritu cortesano de sus casas pone en evidencia su apego al pasado, pero a un período definido del pasado, que coincide con otro fin de siglo. El impactante y abrumador conjunto de sedas, oros y volutas rococó, el barroquismo excesivo, la profusión de bronces en los muebles, las «chinois-series» y «turqueries» representan todo el esplendor de los finales del XIX. Pero a la vez, como sucede con los diseños de la ropa Versace, revelan los síntomas que anuncian la decadencia.
Delirio
La teatralidad de sus casas estará recreada con fidelidad en los salones de Sotheby's. El pintor orientalista Jean Léon Gêrome es un fiel exponente del delirio estetizante decimonónico y además, de la excelencia que alcanzó el oficio en el XIX. Uno de sus paisajes del desierto africano, «En el reloj», está estimado entre 40.000 y 60.000 dólares. Pero las obras cumbre del remate son los cuadros del académico Antoine Dubost, discípulo de David, artista que impuso el canon en los salones de París.
Dubost, como su maestro, se especializó en escenas mitológicas de corte neoclásico, estilo que fue simultáneo aunque opuesto a la revuelta del Romanticismo y que ilustran los cuadros «El retorno de Helena» y «La muerte de Cenchirias, hijo de Neptuno». Las dos pinturas de dimensiones monumentales ejemplifican ese espíritu ampuloso y tienen estimaciones que superan los 100.000 dólares cada una.
Las obras de arte, junto al resto de los objetos, desde las tulipas venecianas hasta las alfombras de Asia, los mosaicos italianos, el escritorio jacobino con broncería, las consolas francesas, los tapices y las porcelanas cuyo diseño se inspira en los tesoros del mar, se rematarán durante tres días, a partir del 5 de abril.



