29 de noviembre 2004 - 00:00
"El peor riesgo es ignorar al público"
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Antón Reixa, en rodaje. El coproductor de "No sos vos, soy yo", entre otros films argentinos, se inició como realizador con "EL lápiz del carpintero".
Periodista: A diferencia de muchos colegas suyos, usted promueve la inversión privada antes que la estatal.
Antón Reixa: Insisto en incorporar la inversión privada. Yo creo que las políticas públicas de apoyo a la cultura deben existir, y aumentar, pero es muy malo que los productos culturales se hagan sólo con subsidios. Entre otras cosas, porque cuando sólo hay riesgo artístico, surge también el riesgo de ignorar al público.Y mal consuelo sería pensar que una obra es buena sólo porque es rara y no la ve nadie.
P.: Así piensan varios por estos lados. ¿Pero cómo se incorpora la inversión privada?
A.R.: Generando confianza. Debo explicar que los derechos de explotación de un film son como los de una inversión inmobiliaria, un patrimonio que rinde a largo plazo. Hoy la explotación en salas es sólo una referencia, porque muchos años después la obra se sigue editando en distintos formatos, y se sigue emitiendo. Por ejemplo, «El lápiz del carpintero», gran esfuerzo de inversores privados, se estrenó en 2003, en un año se vendió a cuarenta territorios, y ahora empieza su explotación televisiva. Y «Mar adentro», que costó ocho millones de euros.
P.: ¿El lema de su empresa, Filmanova Invest, no es «Smart Money for Smart Films»?
A.R.: Claro, habitualmente presupuestamos medio millón por película, pero «Mar adentro» era de Alejandro Amenábar. Invertimos ocho millones y recuperó, hay que ver cómo recuperó, en menos de un año. Pero no siempre es así. Por eso, descontando además que el socio inversor sea sensible a la industria cultural, primero hablamos sinceramente de dinero. Recién después, si él quiere, conversamos de cine.
P.: Por ejemplo, de cómo adaptaron la novela de Manuel Rivas, escrita en gallego.
A.R.: Y bastante experimental, mientras que nosotros la hicimos bastante académica, y con versiones en español y en gallego. No era el momento de dármelas de exquisito, sino de llegar al gran público. Y bien que nos ganamos el premio del público en Mar del Plata y en Toulouse, amén del premio de la Academia Gallega. Todo eso representa nuestra cultura, que yo defenderé por encima de mí mismo, sobre todo ahora, que las industrias del turismo y la cultura se han vuelto nuestros principales recursos.
P.: ¿Cómo es eso?
A.R.: Curiosamente, la adhesión a la Unión Europea, UE, nos ha impuesto unos cupos muy restrictivos. Es terrible que justamente nosotros no podamos pescar, ni tomar la leche de nuestras propias vacas, que finalmente iremos a ver a los zoológicos, porque la UE nos impide desarrollar productos ictícolas y lácteos. Los gallegos mismos somos un bien escaso: apenas dos millones, con un tercio afuera, lo que, por otra parte, nos ha hecho gente de mundo. Bueno, entonces haremos hoteles, libros, discos, películas.
P.: No sólo allá, sino también acá.
A.R.:Acá empezamos bien, con «No sos vos, soy yo», un éxito que me enorgullece, y «Cama adentro», que aun no se ha estrenado. Y ahora preparamos «Hotel Tivoli», en San Luis, cuyo régimen de promoción me parece un buen ejemplo de región periférica que elige al cine como actividad estratégica. Dice «aquí estamos», genera una nueva fuente de trabajo local, y descentraliza un poco la producción. Ya ve, también el Estado puede hacer buenos aportes sin perder dinero. Por ejemplo, nosotros coproducimos a través del Proyecto Raíces, del INCAA, que ni siquiera pone dinero, simplemente provoca encuentros entre los inversores extranjeros y los talentos locales. Es que ustedes son muy talentosos, y afrontan la vida con gran creatividad. Un poco ególatras, es cierto, lo cual tomo como índice de autoestima. Y no son tan pesimistas como los portugueses, que creen que todo lo malo sólo les pasa a ellos, y eso que la entrada a la UE los ha favorecido. Quise invertir allí (vivo a sólo treinta minutos de la frontera), pero parece que se han creído lo del fado, tristón y fatalista, más o menos como si ustedes vivieran dentro de un tango.
P.: Bueno, si es de la Guardia Vieja no hay problema. Volvamos a «El lápiz...». Manuel Rivas toma, como en su cuento «La lengua de las mariposas» (también llevado al cine), un personaje real. En este caso, un político republicano admiradoy protegido hasta por sus enemigos. ¿Pero cuán real es la escena de la noche de bodas, donde los mismos carceleros se hacen pasar por subordinados suyos, para que los recién casados tengan su propia habitación de hotel?
A.R.: Pues es totalmente cierta. La historia se inspira en Francisco Comesaña, una persona maravillosa, fallecida en 1991, a quien le pasaron cosas admirables. Y esa anécdota, nos la confirmó su propia viuda, una chica sexy de 90 años. Quise mostrarle la película antes de cerrar el montaje. Apenas empezamos, me dije «qué maleducado soy, Viene de Tapa cómo esta señora con otra educación va a ver unas escenas de cama», pero apenas vio esa parte, ella me miró sonriente y me dijo «gracias, gracias, he vuelto a vivir». Ese, para mí, ha sido mi Oscar.
P.: Ultima pregunta: ¿por qué la obra tiene ese título?
A.R.: Todos los lápices de carpintero son ovales, para que no rueden y se caigan de donde uno los puso.Y si quieres uno bien a mano, te lo pones en la oreja. Hay que joderse, son como los recuerdos: siempre te los vas a encontrar.


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