8 de mayo 2002 - 00:00
"El psicoanálisis me hace porteña"
-
La industria de la música latina generó ingresos por más u$s1.000 millones en EEUU durante 2025
-
Coachella 2026: días, horarios y cómo ver el festival encabezado por Sabrina Carpenter, Justin Bieber y Karol G
Siri Hustved
Periodista: ¿Antes para las mujeres escribir era más difícil y ahora son bestseller?
Siri Hustvedt: Es interesante ver que en EE. UU., cuando Nathaniel Hawthorne publica «La letra escarlata», había muchas mujeres que escribían y eran más leídas que Hawthorne. En la tradición de la cultura inglesa que las mujeres escribieran está relacionado con la alfabetización en masa.
P.: ¿A quienes considera sus maestros literarios?
S.H.: Nombraría libros que me transformaron. El primero, a los 13 años, fue «David Copperfield» (mi homenaje fue dedicar mi tesis doctoral a Dickens), luego «Cumbres borrascosas» y una enorme cantidad de novelas del siglo XIX, como «Middlemarch» de George Eliot. Aún adolescente leí a Kafka y me hice fanática. Djuna Barnes, fue muy importante para mi. Mi prosa no tiene nada que ver con la de ella, pero me reveló el poder secreto y erótico de la escritura.
P.: ¿Qué piensa de la literatura actual de las mujeres?
S.H.: No me resulta claro que el sexo tenga que ver con la escritura. Detesto esa teoría de que los géneros se diferencian al narrar. Siempre hay elementos femeninos y masculinos. Henry James al escribir era mujer; Gertrude Stein, un hombre. Ese invento de la teorías de género de la feministas es una construcción y una mentira. Esa torpeza me recuerda a la de Marx que toma a la literatura, la filosofía y la religión como superestructura ideológica. La maravilla del sexo es que el cuerpo no está allí. La maravilla de la letra es su ligazón con lo real, en demostrarlo Borges fue ejemplar.
P.: Se la elogia como ensayista...
S.H.: Los ensayos son como vacaciones en un lugar que me gusta. Ultimamente escribo mucho sobre arte. Cuando uno escribe ficción no sabe realmente que está haciendo, y eso es difícil y doloroso. En los ensayos uno piensa en otros o en las cosas, es mas consciente, discute con uno y con otros, explora formas distinta de apreciar algo.
P.: En sus novelas mezcla la gran cultura (Shakespeare, Mozart, Nietzsche) con el arte popular (Elvis Presley, Marilyn Monroe).
S.H.: Al empezar a escribir «Hechizo de una mujer» sabia que tenían que estar Elvis y Marilyn como íconos de una cultura. Al terminar la novela me di cuenta que Elvis es como Oberon y Marilyn como Titania en «Sueño de una noche de verano». No lo tenía planeado, pero fue bueno que fuera así.
P.: El erotismo es clave en su literatura...
S.H.: La escritura está sustentada por el cuerpo en conjunto, el cuerpo en un sentido amplio, y se expresa en lo erótico, algo poderoso y sin palabras que se manifiesta en la vida de todos los días. En cualquier encuentro entre dos personas hay siempre algo erótico. Cuando eso es reprimido por la cultura se convierte en manifestaciones simbólicas, por tanto lo erótico no puede reducirse al dormitorio. Para mi es «aquello que está entre medio», como diría Martin Buber. Yo tengo mi teoría sobre eso que está «entre medio», entre dos, pero para no aburrir diría que la establecí a partir de Georg W.F. Hegel, Martin Buber, Donald Woods Winnicott, Jacques Lacan y Mijail Bajtin. Cuando Paul (Auster) me ve estudiándolos piensa que estoy loca. En los últimos años leo mucho psicoanálisis, es una especie de obsesión.
S.H.: ¿O es que soy porteña? ¿En Buenos Aires, cuántos psiconalistas, psiquiatras y psicólogos hay? (Ríe). Para mi el psicoanálisis es una filosofía del individuo. Para darse cuenta hay que comenzar por descartar la jerga, los tecnicismos, y no perderse en algún objeto parcial. Algunas veces ese lenguaje se reifica y los autores parecen hablar de cosas reales y concretas, lo que resulta extraño. En filosofía también existe esta tendencia. De tener que elegir quien más admiro entre los teóricos de esas filosofías del individuo, me quedo con Winnicott, lo considero muy importante.
P.: Al pasar del ensayo a la ficción ¿cómo utiliza ese arsenal teórico?
S.H.: Al narrar la mejores ideas simplemente aparecen. Al escribir un relato uno está trabajando con ideas. Mis novelas no pretender ser alegorías de un cuerpo teórico, busco estar entre la gente e intentar descubrir sus misterios. En mi nueva novela «What I loved» solucioné esos diversos intereses haciendo que un personaje escriba tres libros, cada uno trata sobre distintas enfermedades culturales. El primero sobre la histeria, el segundo sobre bulimia y anorexia, el último sobre obsesiones. Trato sobre la enfermedades psicoapáticas de la cultura en el capitalismo tardío. (Ríe) Aunque en toda situación actual siempre están presentes ecos de la historia.
P.: ¿De que trata «What I loved», la novela que está por aparecer en Estados Unidos?
S.H.: Está contada por un hombre de 70 años, historiador del arte, cuyo mejor amigo es un pintor, que proviene de una familia judía y nació en Berlín en 1930. En 1935 la familia se traslada a Londres para terminar viviendo en Nueva York. La historia recorre 25 años de vida de ese personaje central, cuya familia y la del pintor están muy unidas. Cada uno tiene un hijo y esto me permitió hablar sobre los hijos, la enfermedad y las pérdidas. El libro tiene una 500 páginas y lo escribí varias veces entero tratando de capturar el deseo que me impulsó a escribirlo.
P.: ¿Es una saga familiar?
P.: ¿Se divierte con sus personajes?
S.H.: Los amo. Soy lenta al escribir y busco incorporar a todos, aún a aquellos que temo.
P.: Con su marido, Paul Auster, ¿cómplices o rivales?
S.H.: Definitivamente cómplices, nunca nos aburrimos, sino no hubiéramos estados 21 años juntos. Lo conocí en una lectura de poemas cuando nadie sabia quien era Paul Auster. Había escrito «La invención de la soledad» y sólo publicado ensayos. Me dió su obra y, a pesar de haber estado leyendo obsesivamente por años, encontré algo nuevo, pensé: es un genio. Esa novela fue rechazada por innumerables editoriales. Yo tenía la certeza de su calidad porque iba a la médula de lo humano y calaba hondo en el lector. Que la obra de Auster haya sido reconocida en el mundo confirma mis cualidades como crítica literaria (Ríe).


Dejá tu comentario