5 de marzo 2001 - 00:00

El público ovacionó a Chavela Vargas

Chavela y Almodóvar.
Chavela y Almodóvar.
Lamentablemente muy tarde, y muy lejos también de sus tiempos más gloriosos como intérprete, la costarricense Chavela Vargas ha terminado por hacerse una moda en la Argentina. De la mano de Pedro Almodóvar, que incluyó su voz en sus películas y esta vez la acompañó a Buenos Aires para oficiar como presentador de su concierto, otro poco gracias al fuerte apoyo de la prensa que la rescató del ostracismo para el público de nuestro país, y otro debido a un nuevo milenio que ha decidido rescatar y resignificar a grandes artistas del pasado, Chavela, que está a punto de cumplir 82 años, vive finalmente su éxito en estas tierras.

Eso quedó reflejado en un Gran Rex repleto de un público de rápida adhesión a estos íconos culturales, el mismo -podría especularse-que se ha entusiasmado con la andanada de los cubanos del Buena Vista Social Club. A esta altura de las cosas, lo que ofrece Chavela es bien conocido. No hay novedades en el repertorio; apenas una versión muy digna de «Mi Buenos Aires querido» en los bises, y otra de la «Canción de las simples cosas», del salteño César Isella, que estaba presente en la sala.

Los mayores aplausos ocurrieron, como era previsible, con las canciones más popularizadas: «Macorina» -esta vez, recitada más que cantada-, «La llorona», «Piensa en mí», «En el último trago», «Luz de luna», etcétera. Pero el resto de la lista incluyó también temas largamente escuchados, como «Que te vaya bien», «Mundo raro», «Vámonos», «Flor de azalea», «Hacia la vida».

Su arte se sigue sosteniendo en la garra, en la emoción, en la entrega con que aborda cada canción. Y, cuando la garganta ya no le responde como en otros tiempos, lo compensa con su fuerza, carisma, y con un conocimiento muy profundo de lo que interpreta. Su dominio de la situación es tan grande a pesar de ciertas limitaciones técnicas, que hasta pudo darse el lujo de pedir que apaguen el aire acondicionado del teatro en una noche de agobiadora sensación térmica, obligando a los 3.300 espectadores a bañarse en sudor para escucharla.

Almodóvar

Los que esperaban una presencia más generosa de Pedro Almodóvar en el escenario se habrán ido con las ganas. El español, que estuvo con la Vargas mucho menos de lo que ella habría deseado durante su estancia porteña, abrió la noche con unas palabras muy elogiosas («Chavela pertenece a una estirpe de mujeres brillantes ya extinguida. Cuando canta, es como si estuviéramos frente a un confesionario. Habla de ti, de mí... reflexionamos a través de sus canciones sobre lo más profundo de nosotros mismos. Aunque luego de escucharla vuelves a cometer los mismos errores que hacen que la vida valga la pena de ser vivida»), luego besó ceremonialmente el suelo en el lugar que pisaría Chavela, y sólo volvió en el final para hacer una suerte de corito en el clásico «Volver, volver».

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