El Recoleta termina el año con gran actividad

Espectáculos

El Centro Cultural Recoleta atraviesa un buen momento. Acaba de restaurar su histórico edificio, y de inaugurar un Centro de Documentación, Investigación y Publicaciones (CeDIP), que en sus amplias salas de neutra arquitectura equipadas con alta tecnología, sus bibliotecas y archivos, albergará no sólo el material digitalizado de la institución, sino también catálogos, libros y revistas extranjeras que facilitarán la tarea de investigación. El patrocinio del Banco de Galicia a un proyecto de baja visibilidad, dedicado a preservar el pasado y a poner un ancla en el vertiginoso acontecer del Recoleta, reviste la mayor importancia en términos culturales, dado que el CeDIP está pensado también como foro de debates y encuentros entre críticos de arte, y sirve además para demostrar que los proyectos de largo plazo pueden también resultar atractivos para los auspiciantes.

Entretanto, en las salas del ala izquierda del Centro se exhibe «Literaturas del exilio. Buenos Aires», una muestra realizada por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona que revive con detalles la angustia de los catalanes que llegaron a América durante la Guerra Civil española. Con un excepcional montaje de objetos, textos, y hasta recreaciones ambientales donde resuena el dolor del desarraigo, la exposición tiene el valor de un testimonio. Los textos desgarrados del breve catálogo confirman el espíritu dramático de la muestra.

Entre la multiplicidad de expresiones que en estos días presenta el Recoleta, en la sala Cronopios, la más preciada del Centro, se exhibe «El cuerpo diseñado», megamuestra que aspira a conjugar algunas de las últimas manifestaciones del diseño de moda con gran parte de la producción artística de la última década vinculada al tema.

  • Diversidad

    El cuerpo, leit motiv de la moda, ha sido explorado por el arte durante los años '90 desde diversas perspectivas, que van desde indagar sus aspectos más bellos y sensibles hasta los más dolorosos y abyectos. En este sentido, la exhibición funciona como un buen muestrario, revela la diversidad y multiplicidad de la mirada artística. Se puede ver la tensión de una figura humana ahogada (a través de un globo enrollado en la cabeza) de Mónica van Asperen; la ternura de una mano que sostiene una casita de acrílico de Fabiana Barreda ( artista que también muestra unas sensitivas figuras femeninas cuyos cuerpos están labrados con un dibujo); la violencia de Nicola Costantino, que imprime anos, tetillas y ombligos en las telas que imitan la piel y que desvisten más que visten; el afán ornamental de Carolina Antoniadis; la piadosa y a la vez objetiva imagen de Res que retrata un cirujano antes y luego de su jornada de trabajo; la espinosa ironía de Edgardo Giménez y, entre otras expresiones, los juegos de estilo que entablan las onduladas formas del cuerpo y de unas sillas Thonet de Pablo Reinoso, en un video que atrapa la mirada y se destaca por el ritmo, la gracia y el humor, pero también por el contenido. Es decir, la imposibilidad de la modelo de sentarse en la enrulada silla, habla de las dificultades que impone al cuerpo la tiranía de la moda (el incómodo barroquismo de Mariano Toledo es un buen ejemplo en este sentido) .

    La moda, surge cuando el hombre comienza a valorar la subjetividad, y las imágenes de Marcos López aparecen como representativas de los valores individuales, así se ve su macho argentino con un puñal clavado en el pecho, y su homenaje a Manuel Alvarez Bravo en «La buena fama durmiendo».

    Con un estilo diferente pero con la misma intención en la mirada, Alessandra Sanguinetti retrata unas mujeres gordas y una niña que juega a ser grande con pétalos de flores que simulan ser uñas pintadas. Al igual que Alejandro Kuropatwa, cuando fotografía a Liliana Maresca en poses insinuantes para la obra «Maresca se entrega a todo destino», que se publicó en la revista «El libertino». «Estoy hablando del amor, del encuentro, de la amistad con otro. Estoy rescatando la posibilidad de mi cuerpo que no se hizo para sufrir sino para gozar», observó Maresca para explicar su trabajo.

    Entre las obras figuran interesantes diseños de Jessica Trosman, Vero Ivaldi, Marcelo Ortega y otros, pero lo que en realidad falta es un trabajo curatorial, que más allá de abrir interrogantes, sirva de guía para encontrar afinidades, para comenzar a descubrir la punta del delgado hilo que enlaza el arte con esa parienta rica y vanidosa que es la moda. En suma, es una muestra donde se pueden volver a ver buenos trabajos de ambas disciplinas, pero que carece de un texto que los indague.
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