25 de febrero 2003 - 00:00
"El San Martin tiene tendencias atávicas"
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Periodista: ¿Ahora que se hizo cargo de esta sala privada va a abandonar sus actividades en el Rojas y en el San Martín?
Rubén Szuchmacher: No, a mí me sigue interesando mucho la gestión cultural en instituciones públicas. Esa experiencia me ha servido de mucho para diagramar la producción artística de esta sala. Lo que sucede es que la situación en el Rojas está muy complicada. Por ahora sigo como director de El festival del Rojas para preparar la edición 2004. Después veremos cómo sigue.
P.: ¿Por qué entró en crisis el Rojas, una sala que siempre fue considerada un importante semillero teatral?
R.S.: Porque todo cambio de autoridades mueve los cimientos de cualquier institución. Sobre todo en este caso, en que un rector como Shuberoff dominó la Universidad de Buenos Aires por 16 años seguidos. La crisis no es sólo del Rojas sino de la Universidad en su conjunto, fiel reflejo de la situación del país. El Rojas fue una institución caótica desde sus inicios y eso fue lo que le dio su empuje y la característica especial que fue imitada en otras ciudades. La idea de «organización» y de «emprolijamiento» que maneja la nueva conducción podría provocar un vaciamiento de ese espíritu que fue germen de muchos artistas importantes en nuestro medio.
R.S.: No. Es un error decir que el San Martín tiene que ser «solamente» un teatro de vanguardia. Lo que sí creo es que tiene que tener un criterio de idoneidad y de modernidad que muchas veces se pierde. Por ejemplo, un espectáculo como «Hombre y superhombre», que dirigió Norma Aleandro en la Sala Casacuberta, era para el Maipo. Está bien, fue un éxito increíble y cumplió, pero no había en él un concepto de modernidad, estaba ligado al viejo teatro. Sin embargo, yo creo que hay un espectador interesado y de nivel popular, que puede acceder a espectáculos de otra clase. Y lo demostré con «Galileo» que era una puesta culterana, que no hacía ningún tipo de concesión a lo popular y sin embargo llenó la Martín Coronado. Por eso digo que el público de Buenos Aires aprecia la modernidad. Sabemos que esa sala no trabaja para un público popular, pero si alguno quisiera hacer en el San Martín «El patio de la morocha» no hay ningún problema, pero que lo haga con un criterio de modernidad. Para lo otro está el Teatro Astros, que ya cumple con su función de ofrecer espectáculos para un público de tendencias atávicas, que busca lo viejo, lo conocido.



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